¡Ay¡, Mariano. Rebajas de verano
¡Ay!, Mariano, lo que te perdiste ayer por tomarte otro día de descanso. Por la mañana no acudiste al Congreso a defender el paquete -otro- de nuevas medidas que modifican los ya modificados presupuestos, imponen un recorte de gasto público de 65.000 millones de euros (cantidad difícil de concebir en antiguas/futuras pesetas) y aumentan los impuestos indirectos. El mayor tajo de la historia reciente de este país iba envuelto en un decreto que no quisiste defender, dejando ese desairado papel a Montoro. Tirar el decreto y esconder la mano no es un acto de hombres cabales, Mariano, reconócelo.
Ante una cifra como esa, es preferible que hable el Presidente del Gobierno a que lo haga Montoro, porque este ministro de Hacienda parece el sheriff de Nottinham recaudando a los pobres para dárselo a los ricos (sí, hombre, acuérdate de la película de Errol Flyn). Además Montoro tiene mucho peligro, pues en cuanto suelta uno de sus monólogos sube la prima de riesgo, porque nadie le cree y menos los “mercados”; bueno le creen en su partido, que es el tuyo, porque está lleno de gentes de fe con sueldos del Estado y eso fortalece mucho la confianza en el Gobierno. La verdad, Montoro tiene su sitio en el club de la comedia, pero como ministro de Hacienda ha entendido su papel al revés, y en vez de perseguir a los defraudadores, les premia, y persigue a los que ya pagan. ¿No será disléxico? Oye, ¿y no será disléxico el ministro del Interior? Es que, no sé si lo sabes, porque no vas, pero ha cortado las calles que dan al acceso al Congreso y lo ha rodeado con un cordón policial. Parece Saigón en sus buenos tiempos. ¿No será que hay demasiados disléxicos en el Gobierno?
Bueno, a lo que iba. Ya sé que cuando se tiene mayoría absoluta, a pesar de los aplausos y el jaleo de la bancada propia, es un peñazo acudir al Congreso a escuchar los reproches de sus señorías, pero esa molestia va con el sueldo, entiéndelo. Es cansado oír los lamentos del portavoz de CiU, dichos con la boca pequeña -algo tiene que decir-, cuando está de acuerdo con el decreto, porque eso es lo que están haciendo en Cataluña, incluso con adelanto. Algo similar ocurre con el PNV, que siempre estará ahí dispuesto a un pacto (remunerado, eso sí). Y qué decir de las minorías más críticas. Ya sé que no gustan las del BNG, ni las de IU (si Lara fuera un poco más listo y se actualizara…) o las de UPyD, que, por cierto, te puede dar un disgusto en las próximas elecciones generales. Pero quizá lo más cansado sea escuchar a Rubalcaba, que ha perdido el norte y no distingue entre lo que es hacer una oposición responsable y hacer de extra. Sueña con el consenso y aburre a las ovejas.
Todo eso es molesto, ya lo sé, pero es un trámite. Al final los recortes salieron sin apoyos de otros partidos del parlamento español, pero fueron discutidos y aprobados por el Parlamento alemán, que es lo que realmente te importa. Además, ¿qué te van a enseñar a ti, estos mindundis de la oposición, cuando tú eres un maestro en hacer oposición? Para buena oposición la que hacíais vosotros a Zapatero; eso era una oposición-oposición; una oposición-FAES: muchos y escogidos insultos, pataleos, escándalo, mucha mentira y crispación a tope. Y ahí estaba el pobre Zp aguantando el chaparrón de improperios y dando la cara un día y otro, porque eso hay que reconocérselo; no como tú, cobardón, que quieres pasar a la historia como Mariano el Prudente. Pero sigo, porque ahora viene lo mejor, que es lo que te perdiste por la tarde: el encuentro con España. Sí, hombre, con la España real, de carne y hueso, con la España que trabaja, siente y piensa; no con la España retórica que tú manejas; la de las estadísticas y las encuestas de opinión, sino el encuentro directo y sin mediadores con el pueblo currante (y “parante·) y desde luego sufriente y contribuyente. Eso sí que tiene sabor popular y no lo que destila esa pandilla de chicos engominados y niñas pijas que agrupas en un partido con un nombre tan poco apropiado como Partido Popular, porque tú, perillán, bien sabes que sois el partido de los ricos famosos y de los ricos discretos, y, como muy para abajo, de los medio ricos, de los grandes gestores y de esos que llamáis emprendedores, que son realmente una cuadrilla de bribones. Pero vamos a lo nuestro.
Por la tarde tendrías que haber acudido a alguna de las manifestaciones que hubo en España, tenías 80 para elegir. Si te daba un poco de pereza meterte entre el gentío de Madrid, que grita mucho pero no muerde, podías haberte desplazado a Valencia, tierra amiga, que tanto os ha dado, para unirte con tus vecinos de Santa Pola, donde, al parecer, sigues teniendo plaza de registrador, y sin duda cuentas con el singular aprecio de gente agradecida.
La manifestación de Madrid, la que conozco de primera mano, estuvo muy concurrida, pudo haber 200, 300 ó 400 mil personas, aunque luego el portavoz de Esperanza Aguirre diga que fueron 10.000. Siempre lo hace, y es que resta miles de personas de las manifestaciones de izquierda, para sumárselas a las vuestras o de la Conferencia Episcopal, cuyas cifras nunca coinciden con el número de católicos practicantes, pero bueno, la cosa es así. Sigo.
En la “mani” de Madrid hubo mucho y diverso gentío, porque es mucha la gente damnificada: funcionarios, administrativos, maestros y profesores, trabajadores con y sin empleo, precarios y becarios, amas y amos de casa, pensionistas, jóvenes, emigrantes, médicos, enfermos, enfermeros, dependientes, bomberos, policías -de la “madera” y “guindillas”- o ¿te crees, Mariano, que la policía es tonta? Pues no; sabe sumar y sobre todo restar cuando les tocas la nómina. Y así todos, porque allí estaban todos los afectados por las rebajas de invierno, de primavera y de verano, pues habéis perjudicado a mucha gente con los recortes y con los impuestos: prácticamente a toda España, menos un reducido grupo de privilegiados.
Hubo muestras de descontento y de indignación, pero también hubo humor, creatividad, imaginación. Jodidos y, a pesar de todo, contentos de salir a la calle a demostrarlo. Creo que en estas manifestaciones está naciendo un nuevo siglo de oro de las letras expresado en textos breves, lemas y consignas coreadas, porque, aunque sea por unas horas, en cada manifestante hay un Quevedo y a la vez un bolchevique.
El repertorio de estas muestras de ingenio podría ser antológico, pero te voy a ofrecer sólo unas pocas en las que el gremio de la banca sale muy favorecido: “Banqueros ladrones”, “Banqueros embusteros”, “Manos arriba esto es un atraco”, “Menos Bankia y más banquillo”, “Gobierno de banqueros que roba a los obreros” y otras similares, que no detallo para no deprimir a Rato y a Goirigolfarri o como se llame. También hubo alusiones a la clase política: “El próximo parado que sea un diputado”, “No nos representan, que no”, “Somos trabajadores, no ladrones” y al poder judicial; el careto de Divar ilustraba varias pancartas de fabricación casera. Hubo algunos lemas un poco macabros, como “Tenemos cuerda para Rato” o “Nuestros recortes serán con guillotina”, y diversas conjugaciones del verbo joder, sugeridos por el exabrupto de la niña de Fabra, a cuya familia se dedicó la consigna “Hijos de Fabra”, que para mí tiene un significado enigmático. Y claro, Mariano, no podían faltar las alusiones al Gobierno: “Esto nos pasa con un gobierno facha” “Si esto no se apaña, caña, caña, caña”, “Con este gobierno vamos de culo”, dichas sean con el mayor respeto. Y es que la gente estaba desatada en su creatividad, pues con un par de folios y un rotulador aludía al problema -salario, despido, paro, desahucios, sanidad, tasas, enseñanza, pensiones, recetas, precios, impuestos- o sujetos de su preferencia -diputados, políticos, banqueros, judicatura o monarquía-, que también recibió su ración. Ayer, cada teléfono móvil era un emisor y un receptor de panfletos, y cada ordenador casero había sido una imprenta clandestina -se acabó la “vietnamita” (no sabes tú el juego que dio ese prodigioso instrumento durante la dictadura)- que convirtió al ciudadano indignado en un subversivo, porque ayer había muchos rebeldes, Mariano, que parece que, por contar con el interesado y caro apoyo de la derecha alemana, olvidas que gobiernas contra la mayoría de la población de España. Y eso es un error fatal.
sábado, 21 de julio de 2012
viernes, 20 de julio de 2012
Marruecos ¿Democracia? O dictadura
Ramadán en Marruecos, entre la cárcel y la humillación
11/07/2012
Omnia Nur
Se acerca, no nos lo creemos, pero ya está a la vuelta de la esquina el noveno mes lunar, el mes de Ramadán, cuyo objetivo es enseñar a los musulmanes a desarrollar su paciencia y humildad, ayudar al prójimo y, sobre todo, recordar lo afortunados que son. En este año 2012, en el mes de la sumisión total y del arrepentimiento sincero, algunos aprovechan para reducir sus vicios (tabaco, alcohol y sexo), colocarse un velo en la cabeza para renegar de él una vez terminado el Ramadán. Cada uno lo vive a su manera, recordemos: “Allah exige a cada persona acorde a sus posibilidades”.
Este prometedor mes empezará el día 20 de julio y terminará el 19 de agosto. En Marruecos siempre empieza y termina un día antes o después, no se sabe aún, ya que allí se empieza a ayunar cuando el Gobierno lo dice, aunque luego no todos obedecen. Todo musulmán que haya alcanzado la mayoría de edad y esté en plenas facultades físicas y mentales tiene la obligación de hacerlo pero, en Marruecos, estas normas inmóviles tienen otro sabor. Todos los marroquíes que se encuentran viviendo en su país se ven obligados a ayunar, independientemente de sus convicciones religiosas: sean cristianos, ateos o agnósticos, estos tienen la innegociable obligación a cumplir con uno de los cinco pilares establecidos en el Islam.
Artículo 222 del Código Penal : Sanción de prisión de entre uno y seis meses y una multa simbólica por el incumplimiento del mes de ramadán en público.
La psicóloga Ibtissam Lachgar, junto con su amiga la periodista Zineb El Rhazaoui, fundadoras del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI —”¿Qué hay de mí?” en dariya marroquí—), convocaron por la red social Facebook una quedada colectiva en 2009 para romper el ayuno antes de tiempo.
Antes de la llegada de estos “pecadores incrédulos”, el lugar ya estaba repleto de policías. Fueron detenidos seis jóvenes por el grave incumplimiento, ninguno llegó a saborear su bocadillo, que mostraban en alto a modo de protesta. Aunque la acción no se pudo llevar a cabo tanto como deseaba MALI, se abrió el debate sobre la diversidad de las convicciones en los marroquíes. Se acerca Ramadán. Pronto veremos al Rey marroquí con su rostro rechoncho, con su rojo sombrero típico marroquí, tan rojo como la sangre que derramaron tantos militantes nuestros en el camino a la libertad, justicia e igualdad social. Le veremos desfilando por los escenarios más humildes de Marruecos, aquel Marruecos que sólo quieren recordar durante el mes de Ramadán.
11/07/2012
Omnia Nur
Se acerca, no nos lo creemos, pero ya está a la vuelta de la esquina el noveno mes lunar, el mes de Ramadán, cuyo objetivo es enseñar a los musulmanes a desarrollar su paciencia y humildad, ayudar al prójimo y, sobre todo, recordar lo afortunados que son. En este año 2012, en el mes de la sumisión total y del arrepentimiento sincero, algunos aprovechan para reducir sus vicios (tabaco, alcohol y sexo), colocarse un velo en la cabeza para renegar de él una vez terminado el Ramadán. Cada uno lo vive a su manera, recordemos: “Allah exige a cada persona acorde a sus posibilidades”.
Este prometedor mes empezará el día 20 de julio y terminará el 19 de agosto. En Marruecos siempre empieza y termina un día antes o después, no se sabe aún, ya que allí se empieza a ayunar cuando el Gobierno lo dice, aunque luego no todos obedecen. Todo musulmán que haya alcanzado la mayoría de edad y esté en plenas facultades físicas y mentales tiene la obligación de hacerlo pero, en Marruecos, estas normas inmóviles tienen otro sabor. Todos los marroquíes que se encuentran viviendo en su país se ven obligados a ayunar, independientemente de sus convicciones religiosas: sean cristianos, ateos o agnósticos, estos tienen la innegociable obligación a cumplir con uno de los cinco pilares establecidos en el Islam.
Artículo 222 del Código Penal : Sanción de prisión de entre uno y seis meses y una multa simbólica por el incumplimiento del mes de ramadán en público.
La psicóloga Ibtissam Lachgar, junto con su amiga la periodista Zineb El Rhazaoui, fundadoras del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI —”¿Qué hay de mí?” en dariya marroquí—), convocaron por la red social Facebook una quedada colectiva en 2009 para romper el ayuno antes de tiempo.
Antes de la llegada de estos “pecadores incrédulos”, el lugar ya estaba repleto de policías. Fueron detenidos seis jóvenes por el grave incumplimiento, ninguno llegó a saborear su bocadillo, que mostraban en alto a modo de protesta. Aunque la acción no se pudo llevar a cabo tanto como deseaba MALI, se abrió el debate sobre la diversidad de las convicciones en los marroquíes. Se acerca Ramadán. Pronto veremos al Rey marroquí con su rostro rechoncho, con su rojo sombrero típico marroquí, tan rojo como la sangre que derramaron tantos militantes nuestros en el camino a la libertad, justicia e igualdad social. Le veremos desfilando por los escenarios más humildes de Marruecos, aquel Marruecos que sólo quieren recordar durante el mes de Ramadán.
Nos cuentan la verdad
Las protestas del 19J no fueron televisadas, pero eso no ha impedido que en la red tuvieran gran difusión. Stephane M. Grueso, conocido en la red como Fanetin, ha sido uno de los múltiples protagonistas de esta nueva forma de información. Retransmitió en streaming por Internet la manifestación y los disturbios de Madrid logrando que hasta 100.000 usuarios conectaran con sus imágenes.
En radiocable.com explica como transcurrió la noche y cómo la tecnología ha roto ya definitivamente el monopolio de los medios tradicionales: “Estamos en un momento muy importante para el país, si ellos no quieren contar lo que pasa en nuestras calles, yo y muchos como yo, no vamos a dejar de hacerlo”.
Fanetin ya había sido elegido por Time en el 15M para su especial sobre “el manifestante”
Stephane M. Grueso, conocido en la red como Fanetin, explica que en la manifestación del 19J hizo lo mismo que viene haciendo desde que empezó el 15M: “No estamos contentos con la imagen que están dando los medios tradicionales y aprovechando la independencia tecnológica que dan los nuevos medios, la internet movil, los blogs, Twitter y el streaming estamos contando la realidad. Y eso es lo que hice. Me fui a las 19h de la tarde a la Plaza de Neptuno y conté lo que vi”.
Su cobertura de las manifestaciones e incidentes de este 19 de julio ha recibido una enorme atención: “Sumando todo puede que llegaramos a 100.000 usuarios en todos los streaming, uno de ellos tuvo 70.000 visitas. Además de miles de mensajes en Bambuser o Twitter”. Y Stephane Grueso añade “la gente quiere saber lo que pasa en sus calles. Y el streaming da una inmediatez que quizá pueda dar algo de `grima´a las televisiones porque muestra lo que pasa sin posibilidad de editarlo.”
Explica que en el 19J, además de él hubo otros cuatro o cinco medios alternativos, que se conocen desde el 15M que también retransmitieron lo que estaba sucediendo. Y apunta: “si los medios se distancian de la gente y no cuentan lo que pasa en nuestros barrios y calles, la gente va a empezar a dejar de verles y vernos a nosotros. Porque se puede llamar periodismo ciudadano o de otra forma, pero somos muchos los que estamos saliendo a la calle simplemente a enseñar lo que pasa porque creemos que es importante y queremos que se hable de ello”.
El cineasta explica también que las herramientas actuales permiten una gran interactividad: “Yo estaba en Lavapies y recibí mensajes de gente que me invitaba a su casa a descansar y tomar una cocacola porque estaban a 300 metros y tambien me escribia gente que estaba en Buenos Aires.”
Fanetin aprovechó esa interactividad incluso para decidir sus rutas: Tras seguir la manifestación del 19 de julio hasta Sol y Canalejas con los disturbios, terminó en la Plaza de Tirso de Molina donde “no pasaba nada. Pero vi en Twitter que había gente informando de disturbios en Lavapies y Canalejas. Y pregunté a la comunidad donde querían que fuera para cubrirlo y terminé en Lavapies. Estas son las nuevas formas de periodismo interactivo que estoy experimentando”.
En radiocable.com explica como transcurrió la noche y cómo la tecnología ha roto ya definitivamente el monopolio de los medios tradicionales: “Estamos en un momento muy importante para el país, si ellos no quieren contar lo que pasa en nuestras calles, yo y muchos como yo, no vamos a dejar de hacerlo”.
Fanetin ya había sido elegido por Time en el 15M para su especial sobre “el manifestante”
Stephane M. Grueso, conocido en la red como Fanetin, explica que en la manifestación del 19J hizo lo mismo que viene haciendo desde que empezó el 15M: “No estamos contentos con la imagen que están dando los medios tradicionales y aprovechando la independencia tecnológica que dan los nuevos medios, la internet movil, los blogs, Twitter y el streaming estamos contando la realidad. Y eso es lo que hice. Me fui a las 19h de la tarde a la Plaza de Neptuno y conté lo que vi”.
Su cobertura de las manifestaciones e incidentes de este 19 de julio ha recibido una enorme atención: “Sumando todo puede que llegaramos a 100.000 usuarios en todos los streaming, uno de ellos tuvo 70.000 visitas. Además de miles de mensajes en Bambuser o Twitter”. Y Stephane Grueso añade “la gente quiere saber lo que pasa en sus calles. Y el streaming da una inmediatez que quizá pueda dar algo de `grima´a las televisiones porque muestra lo que pasa sin posibilidad de editarlo.”
Explica que en el 19J, además de él hubo otros cuatro o cinco medios alternativos, que se conocen desde el 15M que también retransmitieron lo que estaba sucediendo. Y apunta: “si los medios se distancian de la gente y no cuentan lo que pasa en nuestros barrios y calles, la gente va a empezar a dejar de verles y vernos a nosotros. Porque se puede llamar periodismo ciudadano o de otra forma, pero somos muchos los que estamos saliendo a la calle simplemente a enseñar lo que pasa porque creemos que es importante y queremos que se hable de ello”.
El cineasta explica también que las herramientas actuales permiten una gran interactividad: “Yo estaba en Lavapies y recibí mensajes de gente que me invitaba a su casa a descansar y tomar una cocacola porque estaban a 300 metros y tambien me escribia gente que estaba en Buenos Aires.”
Fanetin aprovechó esa interactividad incluso para decidir sus rutas: Tras seguir la manifestación del 19 de julio hasta Sol y Canalejas con los disturbios, terminó en la Plaza de Tirso de Molina donde “no pasaba nada. Pero vi en Twitter que había gente informando de disturbios en Lavapies y Canalejas. Y pregunté a la comunidad donde querían que fuera para cubrirlo y terminé en Lavapies. Estas son las nuevas formas de periodismo interactivo que estoy experimentando”.
¿Quien nos gobierna?
Esos talibanes que nos gobiernan
No hace muchos días, asistimos a una incalificable y barbara ceremonia del horror. En un espantoso video, abundantemente difundido por televisiones y redes sociales, se podía ver si el estómago y la rabia lo permitían, como una pobre mujer afgana acusada de adulterio, era ajusticiada a tiros por un salvaje muyahidin.
Mientras, un coro de voces masculinas, más de 150 hombres se decía en el video, entre risotadas, jaleaban y animaban a quien empuñaba el arma a que acabara con la vida de esta joven mujer.
Todos aquellos que tuvimos conocimiento de aquel salvaje e inhumano episodio coincidimos en que tan culpables de la ejecución eran los talibanes que impasibles asistían a esta fechoría, mientras jaleaban y aplaudían con invocaciones a Alá misericordioso, como el autor material del fusilamiento.
El miércoles, este país asistió alucinado a otra ceremonia incalificable y obscena. Su escenario no era un pueblo perdido del ancestral y salvaje Afganistán. Se desarrollaba en el Congreso de los Diputados del reino de España.
También aquí como en la medieval aldea afgana había un coro de jaleadores, aplaudidores y hooligans. No se trababa solo de hombres, diputados del partido popular para más señas. En esta soez ceremonia, para bochorno general, las mujeres, las diputadas de ese partido tuvieron un papel preponderante. Particularmente una de ellas, Andrea Fabra, diputada elegida por Castellón y de infausto apellido por ser hija de uno de los mayores urdidores de este país. El “eximio prócer” del PP y regidor con mano de hierro del partido en Castellón, Alberto Fabra.
Esta tipa, -no la llamaré señora, porque sería insultar a todas aquellas que si lo son-, gritaba a pleno pulmón “que se jodan” mientras su jefe de filas, Mariano Rajoy, desgranaba la batería de medidas que retrotraeran este país a un oscuro y paupérrimo pasado, recortando entre otros muchos, los derechos de los desempleados. Esos casi seis millones de "vagos y jetas", de esta guisa se les trata y a los que se recortará el subsidio a partir del sexto mes de la percepción para “incentivarles a buscar trabajo”.
Tanto empeño y vehemencia puso en su grito esta hooligan de la política, que no solo fue escuchado el exabrupto por los que en ese momento ocupaban el resto de los escaños, sino que fue recogido por todos los medios de prensa que asistían en tan trascendental ocasión a la Cámara Baja.
Y como sucedía en el infausto fusilamiento afgano, el resto de sus compañeros, no solo no le hacían callar abochornados por la insultante coz, sino que como los talibanes afganos aplaudían su acción y entre risotadas continuaban con esa ceremonia de insultos, chirigotas, pitidos, pataleos y berridos en que se han convertido las sesiones del Congreso.
No puede extrañarnos que tras semejante y bochornoso acto, el presidente del gobierno siguiera como si nada, dando lectura a la catarata de salvajes medidas que se imponen a los ciudadanos de este país, con la insensata intención de arreglar esa crisis que no hemos causado pero que a todos luces pagaremos de nuestros bolsillos y a poco que se esfuercen, con nuestra vida.
Estos son los talibanes que nos gobiernan, tipos deshumanizados, insolidarios, soeces y barriobajeros. Tienen un programa del que, como los talibanes afganos en lo que respecta a los derechos de las mujeres, no se van a separar ni un milímetro. Miren sus caras sonrientes como hienas, satisfechos con lo que oyen anunciar su líder, aplaudiendo entusiasmados cada una de sus propuestas, regodeandose en el triunfo de sus ideas y convecidos de que el nuevo orden ya ha llegado. Se han conjurado para acabar con los derechos y las libertades de este país.
Asistimos a un golpe de estado en toda regla y si los ciudadanos no somos capaces de unirnos, terminando con esta ordalia de leyes y decretos insufribles, no será solo “que se jodan” lo que vamos a tener que sufrir. Vamos derechos a la caverna, al oscurantismo y a la desaparición de una democracia que muchos años nos costó alumbrar.
Mucho presudentes
Mucho presidente suelto
Walter C. Medina () | hace 13 horas
Los telediarios lo repetían compulsivamente. Habrá quienes no lo recuerden porque sus pensamientos giran ahora en torno a otras preocupaciones. Sin embargo hasta no hace mucho tiempo atrás solíamos escuchar a diario ese malintencionado titular que cambiaba de tonalidad según la voz del presentador de turno. Me refiero a la perenne voluntad de la mayoría de los medios de comunicación de puntualizar en la foránea procedencia de los criminales; esfuerzo que no fue vano ya que consiguió calar hondo y finalmente enquistarse en las vacías mentes de muchos hijos de vecino. No me diga que no lo recuerda. ¿Acaso ya se le olvidó que España era víctima de malhechores que venían del exterior? Si no lo recuerda bastará con revisar periódicos e informativos de años anteriores para darse cuenta de que todo lo “malo” venía siempre de afuera; la sección policiales de cada informativo la protagonizaban inmigrantes, mientras que los nacidos aquí eran buenos y honrados y ocupaban secciones acordes con sus respectivas bondades y honradeces.
Atracaban los rumanos, rusa era la mafia, ilegales los llegados en patera, marroquíes los del hachís, putas las brasileñas y terroristas los musulmanes. “La culpa es de Zapatero que los dejó entrar”, solía decir mi vecino Antonio cada vez que tenía oportunidad de expresar su opinión acerca de este asunto. “Hay que andarse con cuidado...”, comentaba mientras veía el informativo de Antena 3, “... hay mucho rumano suelto”. Pues bien. ¿A que no adivina qué le sucedió a mi vecino Antonio?. Se lo contaré en resumidas líneas. Mi vecino Antonio no fue víctima del accionar de un atracador rumano, ni mucho menos de la mafia rusa, ni de los marroquíes vendedores de hachís, ni de los ilegales llegados en patera; tampoco de las putas brasileñas o del terrorismo musulmán. El autor material del delito de hurto seguido de estafa cometido contra mi vecino Antonio -eso si; a cara descubierta y sin escrúpulo alguno- fue el presidente del gobierno.
“¿Se da cuenta...?”, le pregunto mientras compartimos espacio en el ascensor; “...usted temiendo a los de afuera mientras que los de adentro le devalijaban la casa y la vida”. Claro que Antonio se caga en mi opinión porque yo también soy de afuera y siempre me ando en las periferias de la legalidad por el simple hecho de serlo; cosa que para un tipo como él, es suficiente mérito para hacer oidos sordos a mis pareceres. En resumen mi vecino Antonio tendrá que ver ahora cómo resuelve el entuerto en el que lo ha obligado a meterse el robo perpetrado por el presidente de gobierno, sus ministros, los dueños de la banca y otros ilustres cacos. Además de los derechos que ignoraba poseer, a Antonio le robaron parte de su sueldo y, a raíz de ello, pronto perderá su vivienda y deberá pernoctar en el cajero automático del banco en el que alguna vez tuvo ahorros. Tiene que decidir si le sale más rentable seguir viviendo o morirse, aunque si decide optar por la primera de estas dos posibilidades, deberá abonarse los medicamentos -que para tal fin necesita- de su propio bolsillo; y si se inclina por la segunda opción, deberá hacerlo antes de que entre en vigor el nuevo incremento del IVA, ya que los servicios funerarios encarecerán tanto el fallecimiento que tal vez le siga saliendo más barato vivir un poco más, aunque sólo sea para continuar culpando a los de afuera.
La mil veces anunciada política económica “como Dios manda”, prometida por Rajoy durante su campaña, ya está dando sus frutos; al menos la Iglesia Católica goza de ellos como no de otros placeres de los que sin embargo opina y aconseja. Al parecer Dios manda el disfrute de unos pocos y la desgracia de otros tantos. Manda Dios esta brecha cada vez más abismal entre quienes lo tienen todo y quienes ya casi ni en pie logran tenerse. Dios manda este incremento de miserables (de ambos; los que rebuscan entre los desperdicios de los hipermercados y los que enfundados en trajes dictan las nuevas normas a seguir). Manda Dios a que la educación y la sanidad ya no sean un derecho sino el lujo que pueden darse un puñado de elegidos. Manda Dios a que calles tu reclamo o a que te partan la cara por reclamar. Dios manda a convertir trabajadores en objetos desechables. Manda Dios a perseguir con multas a indigentes que duermen al raso, convirtiendo a la pobreza en un delito. Manda Dios proteger a esos banqueros que, peor que en Uganda -aunque Rajoy crea que no- moldearon esta vergonzosa característica de corrupción y saqueo que ya es marca de la casa, folklore de un país repleto de desmemoriados que olvidaron su pasado humilde, se hincharon de una soberbia inexplicable y buscaron la culpa en los de afuera.
“Y qué me dice de la perversa maquinaria constituída por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Organización Mundial del Comercio?”, le pregunto a Antonio mientras descendemos lentamente. Qué me dice del expolio de recursos que estas organizaciones impulsaron y alzaron a escalas inimaginables. Pero de esto Antonio no me dice nada. Porque entre otras cosas mi vecino ignora que antes de que las consecuencias de estos maquiavélicos accionares cayeran sobre la vieja Europa, ya hacían estragos - desde tiempos remotos- en Africa y en América Latina; esos sitios desde donde, según él y algunos medios de comunicación, provenía todo lo “malo”.
Tal vez ya va siendo hora de criminalizar lo verdaderamente criminalizable. Porque no ha sido un inmigrante rumano, ni la mafia rusa, ni los ilegales de las pateras, ni el musulmán de la esquina. Ha sido el propio Estado el que ha dado el auténtico golpe. Han sido esos señores a quienes usted -vecino Antonio- votó; esos que le prometieron el oro pero sin moros, esos que le explicaban a usted la necesidad de ponerle límite a la entrada de inmigrantes, que proclamaban que España volvería a ser de los españoles. Pues ahí los tiene. Y por lo que parece los españoles a quienes se referían son apenas un puñado de privilegiados que brindan con champagne mientras velan por intereses a los que usted es tan ajeno como una plaza de toros en Kazajiscan. Los otros españoles, la enorme mayoría, ya planifica nuevas estrategias para salvaguardar lo que de dignidad pueda aún quedarles. Algunos buscan nuevos horizontes fuera, tal como otros españoles lo hicieron décadas atrás, mucho antes de la ilusión de grandeza que finalmente acabó siendo eso, una simple ilusión.
“Vaya usted con cuidado...”, le digo a mi vecino Antonio antes de llegar a la planta baja. “...mire que anda suelto un presidente con todos sus ministros”.
Matrimonio venido a menos
La tragedia de Alejandro Agag
18 jul 2012 Compartir:
Han llegado a Guadalmina en silencio. Se les sabe enemigos de las pompas, boatos y vanidades humanas. El malediciente couché ha aireado que están en Marbella de vacaciones. Falacia infame. La verdad es que, como tantos otros jóvenes españoles, la crisis ha abocado al matrimonio Agag/Aznar a retornar a la casa de sus padres. Concretamente, a un chabolito arrabalero del suegro José María Aznar.
Llegaron quizá de noche. Con el destartalado automóvil atestado de maletas y de niños, con la baca reventona de bultos y unos viejos muebles, recuerdo de familia, que Anita se negó a abandonar en el hogar desangelado de Kensington. Bártulos atados al techo con cuerdas de diferentes colores, como si las hubieran cogido a toda velocidad de la basura, hacían pensar que el coche se preparaba para cruzar el Estrecho, rumbo a la desaseada África.
Alejandro Agag, desafeitado de fatiga y al volante, intentaba sonreír. Había conducido desde Nueva York sin apenas detenerse. Con escala en Londres para rescatar los muebles de Ana en el recoleto pisito de Chelsea. Aquel pisito tan lleno de amor y humildes orquídeas silvestres cogidas en Hyde Park.
En el asiento de atrás, dormían los cuatro niños, aun ajenos a la tragedia, cubiertos con mantas de cachemire y juguetes rotos. Vestigios de una antigua forma de vida.
La Urbanización Guadalmina, destino de la desafortunada familia, se halla en los procelosos arrabales de Marbella. A diez quilómetros a pie. Allí adquirió hace años José María Aznar un modesto chalecito de 500 metros, cuya única enseña de distinción es una enorme bandera española que ondea aunque no sople viento. A unos pasos del pendón, la pequeña alberca del abuelo, que sin duda hará las delicias de Alejandrito, Rodrigo, Pelayo y Alonso, gloriosos nombres guerreros para tan desolada genealogía.
La alberca será un alivio para la joven pareja, dado que la barriada Guadalmina no es nada segura para soltar a los niños. No es que exista violencia, pero los niños, en su alocado albedrío, pueden caer víctimas del mal ejemplo.
En Guadalmina conviven desde honradas familias venidas a menos por tristes circunstancias, como los Agag, a presuntos delincuentes, ex delincuentes convictos, desheredados, exiliados… Un lumpen infra-proletariat que apenas se relaciona con la sociedad común. La gente prefiere mirar hacia otro lado. Ni siquiera las ONG se aventuran.
Los ingresos medios del barrio son muy escasos, como demuestra el hecho de que la mayoría de los vecinos de Guadalmina apenas declara al Fisco. Guadalmina es el limbo fiscal de la marginación. El abandono moral entre Pinto y Delaware. La soledad del caimán en su isla.
Entre los personajes que por aquellos páramos deambulan podríamos citar a Ignacio González, alias El Chino, a quien se le investigaron un viaje a Colombia y un chabolo bajo sospecha de cosa turbia inmobiliaria con guita en negro, y del que se murmura en el barrio que es vicepresidente de la comunidad de Madrid. Vaya usted a saber, con esta cuadrilla.
También pasea su finura por los predios del poblao de Guadalmina un tal Luis Bárcenas, alias Luis el Cabrón, imputado, desimputado y vuelto a imputar en una trama de dinero negro, jueces amigos, financiación ilegal, corrupción política, paraísos fiscales…
Y otros querubines.
Pero no todo es miseria y marginalidad en Guadalmina. Los intrépidos vecinos, a pesar de la penuria económica, han hecho un esfuerzo para lavarle la cara a la inmundicia del entorno. Aprovechando las verdes y húmedas praderas que inundan y dan personalidad al sur español, pastizal de Europa, han tirado de ingenio y se han labrado allí un bellísimo y coqueto campo de golf.
Como todos ustedes saben, el golf es uno de los deportes más populares entre nuestros pobres de pedir, ya que solo se necesita para su ejercicio un agujero en el campo, un palo y una pelota. Unicamente es superado en sencillez por el gua, que no precisa de palo.
Sin duda Alejandro Agag se pregunta cómo ha llegado hasta allí, a vivir de la caridad de su suegro en un chalet de prestado. Él, que estudió brillantemente Económicas en el CUNEF, animó las Nuevas Generaciones populares, fue ayudante de un presidente de gobierno, se casó con la hija del jefe y hasta posee la académica distinción de que su nombre figure en la contabilidad B de la trama Gürtel. Ya le gustaría a muchos piezas.
Algún día, los responsables de la situación a la que se ven abocados en España tantos jóvenes universitarios y emprendedores, como Alejandro y Anita, pagarán por lo que han hecho. Si en verdad existe Snoopy, algún día pagarán.
domingo, 8 de julio de 2012
Una larga historia que vale la pena leerla
El Caballero Sir Galahad
Publicado por Administrador
Es una largaaa historia pero vale la pena leerla
Esta historia nos lleva a la época del Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, tiempo de hechicería y castillos de puentes levadizos, tiempo de intrigas y batallas heroicas, tiempo de dragones mágicos que arrojan fuego por la boca y de paladines de honor y valor ilimitados.
El rey Arturo había enfermado. En tan solo dos semanas su debilidad lo había postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curar al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba.
Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo a otro con tristeza:
—Morirá…
En el cuarto estaba Sir Galahad, el más heroico y apuesto de los caballeros de la mesa redonda y el compañero de las grandes lides de Arturo.
Galahad escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó:
—Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes? El rey vivirá, el rey se recuperará…. Solo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste?
El sirviente, temblando, se animó a contestar:
—Lo que pasa, Sir, es que Arturo no está enfermo, está embrujado.
Eran épocas donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad.
—¿Por qué dices eso, maldición! —preguntó Galahad.
—Tengo muchos años, mi señor, y he visto decenas de hombres y mujeres en esta situación, solamente uno de ellos ha sobrevivido.
—Eso quiere decir que existe una posibilidad… Dime cómo lo hizo ése, el que escapó de la muerte.
—Se trata de conseguir un brujo más poderoso que el que realizó el conjuro; si eso no se hace, el hechizado muere.
—Debe haber en el reino un hechicero poderoso —dijo Galahad—, pero si no está en el reino lo iré a buscar del otro lado del mar y lo traeré.
—Que yo sepa hay solamente dos personas tan poderosas como para curar a Arturo, Sir Galahad; uno es Merlín, que aún en el caso de que se enterara tardaría dos semanas en venir y no creo que nuestro rey pueda soportar tanto.
—¿Y la otra?
El viejo sirviente bajó la cabeza moviéndola de un lado a otro negativamente.
—La otra es la bruja de la montaña… Pero aun cuando alguien fuera suficientemente valiente para ir a buscarla, lo cual dudo, ella jamás vendría a curar al rey que la expulsó del palacio hace tantos años.
La fama de la bruja era realmente siniestra. Se sabía que era capaz de transformar en su esclavo al más bravo guerrero con solo mirarlo a los ojos; se decía que con solo tocarla se le helaba a uno la sangre en las venas; se contaba que hervía a la gente en aceite para comerse su corazón.
Pero Arturo era el mejor amigo que Galahad tenía en su vida, había batallado a su lado cientos de veces, había escuchado sus penas más banales y las más profundas. No había riesgo que él no corriera por salvar a su soberano, a su amigo y a la mejor persona que había conocido.
Galahad calzó su armadura y montando su caballo se dirigió a la montaña Negra donde estaba la cueva de la bruja.
Apenas cruzó el río, notó que el cielo empezaba a oscurecerse. Nubes opacas y densas perecían ancladas al pie de la montaña. Al llegar a la cueva, la noche parecía haber caído en pleno día.
Galahad desmontó y caminó hacia el agujero en la piedra. Verdaderamente, el frío sobrenatural que salía de la gruta y el olor fétido que emanaba del interior lo obligaron a replantear su empresa, pero el caballero resistió y siguió avanzando por el piso encharcado y el lúgubre túnel. De vez en cuando, el aleteo de un murciélago lo llevaba a cubrirse instintivamente la cara.
A quince minutos de marcha, el túnel se abría en una enorme caverna impregnada de un olor acre y de una luz amarillenta generada por cientos de velas encendidas. En el centro, revolviendo una olla humeante, estaba la bruja.
Era una típica bruja de cuento, tal y como se la había descripto su abuela en aquellas historias de terror que le contaba en su infancia para dormir y que lo desvelaban fantaseando la lucha contra el mal que emprendería cuando tuviera edad para ser caballero de la corte.
Allí estaba, encorvada, vestida de negro, con las manos alargadas y huesudas terminadas en larguísimas uñas que parecían garras, los ojos pequeños, la nariz ganchuda, el mentón prominente y la actitud que encarnaba el espanto.
Apenas Galahad entró, sin siquiera mirarlo la bruja le gritó:
—¡Vete antes de que te convierta en un sapo o en algo peor!
—Es que he venido a buscarte —dijo Galahad—, necesito ayuda para mi amigo que está muy enfermo.
—Je… je… je… —rió la bruja—. El rey está embrujado y a pesar de que no he sido yo quien ha hecho el conjuro, nada hay que puedas hacer para evitar su muerte.
—Pero tú… tú eres más poderosa que quien hizo el conjuro. Tú podrías salvarlo —argumentó Galahad.
—¿Por qué haría yo tal cosa? —preguntó la bruja recordando con resentimiento el desprecio del rey.
—Por lo que pidas —dijo Galahad—, me ocuparé personalmente de que se te pague el precio que exijas.
La bruja miró al caballero. Era ciertamente extraño tener a semejante personaje en su cueva pidiéndole ayuda. Aun a la luz de las velas Galahad era increíblemente apuesto, lo cual sumado a su porte lo convertía en una imagen de la gallardía y la belleza.
La bruja lo miró de reojo y anunció:
—El precio es este: si curo al rey y solamente si lo curo….
—Lo que pidas… —dijo Galahad.
—¡Quiero que te cases conmigo!
Galahad se estremeció. No concebía pasar el resto de sus días conviviendo con la bruja, y sin embargo, era la vida de Arturo. Cuántas veces su amigo había salvado la suya durante una batalla. Le debía no una, sino cien vidas… Además, el reino necesitaba de Arturo.
—Sea —dijo el caballero—, si curas a Arturo te desposaré, te doy mi palabra. Pero por favor, apúrate, temo llegar al castillo y que sea tarde para salvarlo.
En silencio, la bruja tomó una maleta, puso unos cuantos polvos y brebajes en su interior, recogió una bolsa de cuero llena de extraños ingredientes y se dirigió al exterior, seguida por Galahad.
Al llegar afuera, Sir Galahad trajo su caballo y con el cuidado con que se trata a una reina ayudó a la bruja a montar en la grupa. Montó a su vez y empezó a galopar hacia el castillo real.
Una vez en el castillo, gritó al guardia para que bajara el puente, y éste con reticencia lo hizo.
Franqueado por la gente de aquella fotrtaleza que murmuraba sin poder creer lo que veía o se apartaba para no cruzar su mirada con la horrible mujer, Galahad llegó a la puerta de acceso a las habitaciones reales.
Con la mano impidió que la bruja se bajara por sus propios medios y se apuró a darle el brazo para ayudarla. Ella se sorprendió y lo miró casi con sarcasmo.
—Si es que vas a ser mi esposa —le dijo— es bueno que seas tratada como tal.
Apoyada en el brazo de él, la bruja entró en la recámara real. El rey había empeorado desde la partida de Galahad; ya no despertaba ni se alimentaba.
Galahad mandó a todos a abandonar la habitación. El médico personal del rey pidió permanecer y Galahad consintió.
La bruja se acercó al cuerpo de Arturo, lo olió, dijo algunas palabras extrañas y luego preparó un brebaje de un desagradable color verde que mezcló con un junco. Cuando intentó darle a beber el líquido al enfermo, el médico le tomó la mano con dureza.
—No —dijo—. Yo soy el médico y no confío en brujerías. Fuera de…
Y seguramente habría continuado diciendo “…de este castillo”, pero no llegó a hacerlo; Galahad estaba a su lado con la espada cerca del cuello del médico y la mirada furiosa.
—No toques a esta mujer —dijo Galahad—; y el que se va eres tú… ¡Ahora! —gritó.
El médico huyó asustado. La bruja acercó la botella a los labios del rey y dejó caer el contenido en su boca.
—¿Y ahora? —preguntó Galahad.
—Ahora hay que esperar —dijo la bruja.
Ya en la noche, Galahad se quitó la capa y armó con ella un pequeño lecho a los pies de la cama del rey. Él se quedaría en la puerta de acceso cuidando de ambos.
A la mañana siguiente, por primera vez en muchos días, el rey despertó.
—¡Comida! —gritó— Quiero comer…Tengo mucha hambre.
—Buenos días majestad —saludó Galahad con una sonrisa, mientras hacía sonar la campanilla para llamar a la servidumbre.
—Mi querido amigo —dijo el rey—, siento tanta hambre como si no hubiese comido en semanas.
—No comiste en semanas —le confirmó Galahad.
En eso, a los pies de su cama apareció la imagen de la bruja mirándolo con una mueca que seguramente reemplazaba en ese rostro a la sonrisa. Arturo creyó que era una alucinación. Cerró los ojos y se los refregó hasta comprobar que, en efecto, la bruja estaba allí, en su propio cuarto.
—Te he dicho cientos de veces que no quería verte cerca de palacio. ¡Fuera de aquí! —ordenó el rey.
—Perdón majestad —dijo Galahad—, debes saber que si la echas me estás echando también a mí. Es tu privilegio echarnos a ambos, pero si se va ella me voy yo.
—¿Te has vuelto loco? —preguntó Arturo— ¿Adónde irías tú con este monstruo infame?
—Cuidado alteza, estás hablando de mi futura esposa.
—¿Qué? ¿Tu futura esposa? Yo he querido presentarte a las jóvenes casaderas de las mejores familias del reino, a las princesas más codiciadas de la región, a las mujeres más hermosas del mundo, y las has rechazado a todas. ¿Cómo vas ahora a casarte con ella?
La bruja se arregló burlonamente el pelo y dijo:
—Es el precio que ha pagado para que yo te cure.
—¡No! —gritó el rey— Me opongo. No permitiré esta locura. Prefiero morir.
—Está hecho, majestad —dijo Galahad.
—Te prohibo que te cases con ella —ordenó Arturo.
—Majestad —contestó Galahad—, existe solo una cosa en el mundo más importante para mí que una orden tuya, y es mi palabra. Yo hice un juramento y me propongo cumplirlo. Si tú te murieses mañana, habría dos eventos en un mismo día.
El rey comprendió que no podía hacer nada para proteger a su amigo de su juramento.
—Nunca podré pagar tu sacrificio por mí, Galahad, eres más noble aún de lo que siempre supe. —El rey se acercó a Galahad y lo abrazó—. Dime aunque sea qué puedo hacer por ti.
A la mañana siguiente, a pedido del caballero, en la capilla del palacio el sacerdote casó a la pareja con la única presencia de su majestad el rey. Al final de la ceremonia, Arturo entregó a Sir Galahad su bendición y un pergamino en el que cedía a la pareja los terrenos del otro lado del río y la cabaña en lo alto del monte.
Cuando salieron de la capilla, la plaza central estaba inusualmente desierta; nadie quería festejar ni asistir a esa boda; los corrillos del pueblo hablaban de brujerías, de hechizos trasladados, de locura y de posesión…
Galahad condujo el carruaje por los ahora desiertos caminos en dirección al río y de allí por el camino alto hacia el monte.
Al llegar, bajó presuroso y tomando a su esposa amorosamente por la cintura la ayudó a bajar del carro. Le dijo que guardaría los caballos y la invitó a pasar a su nueva casa.
Galahad se demoró un poco más porque prefirió contemplar la puesta del sol hasta que la línea roja terminó de desaparecer en el horizonte. Recién entonces Sir Galahad tomó aire y entró.
El fuego del hogar estaba encendido y, frente a él, una figura desconocida estaba de pie, de espaldas a la puerta. Era la silueta de una mujer vestida en gasas blancas semitransparentes que dejaban adivinar las curvas de un cuerpo cuidado y atractivo.
Galahad miró a su alrededor buscando a la mujer que había entrado unos minutos antes, pero no la vio.
—¿Dónde está mi esposa? —preguntó.
La mujer giró y Galahad sintió su corazón casi salírsele del pecho. Era la más hermosa mujer que había visto jamás. Alta, de tez blanca, ojos claros, largos cabellos rubios y un rostro sensual y tierno a la vez. El caballero pensó que se habría enamorado de aquella mujer en otras circunstancias.
—¿Donde está mi esposa? —repitió, ahora un poco más enérgico.
La mujer se acercó un poco y en un susurro le dijo:
—Tu esposa, querido Galahad, soy yo.
—No me engañas, yo sé con quién me casé —dijo Galahad— y no se parece a ti en lo más mínimo.
—Has sido tan amable conmigo, querido Galahad, has sido cuidadoso y gentil conmigo aun cuando sentías que aborrecías mi aspecto, me has defendido y respetado tanto como nadie lo hizo nunca, que te creo merecedor de esta sorpresa… La mitad del tiempo que estemos juntos tendré este aspecto que ves, y la otra mitad del tiempo, el aspecto con el que me conociste… —la mujer hizo una pausa y cruzó su mirada con la de Sir Galahad—. Y como eres mi esposo, mi amado y maravilloso esposo, es tu privilegio tomar esta decisión: ¿Qué prefieres, esposo mío? ¿Quieres que sea ésta de día y la otra de noche o la otra de día y ésta de noche?
Dentro del caballero el tiempo se detuvo. Este regalo del cielo era más de lo que nunca había soñado. Él se había resignado a su destino por amor a su amigo Arturo y allí estaba ahora pudiendo elegir su futura vida. ¿Debía pedirle a su esposa que fuera la hermosa de día para pasearse ufanamente por el pueblo siendo la envidia de todos y padecer en silencio y soledad la angustia de sus noches con la bruja? ¿O más bien debía tolerar las burlas y desprecios de todos los que lo vieran del brazo con la bruja y consolarse sabiendo que cuando anocheciera tendría para él solo el placer celestial de la companía de esta hermosa mujer de la cual ya se había enamorado?
Sir Galahad, el noble Sir Galahad, pensó y pensó y pensó, hasta que levantó la cabeza y habló:
—Ya que eres mi esposa, mi amada y elegida esposa, te pido que seas… la que tú quieras ser en cada momento de cada día de nuestra vida juntos…
Cuenta la leyenda que cuando ella escuchó esto y se dio cuenta de que podía elegir por sí misma ser quien ella quisiera, decidió ser todo el tiempo la más hermosa de las mujeres.
Cuentan que desde entonces, cada vez que nos encontramos con alguien que, con el corazón entre las manos, nos autoriza a ser quienes somos, invariablemente nos transformamos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)