domingo, 8 de julio de 2012

Los Mandamientos

Habla. No hay nada mas agradable y alentador que una palabra… un saludo cordial, interes genuino… especialmente hoy en día que tanta falta hacen los gestos amables. Sonríe Recuerda que para mover la cabeza ponemos en acción 72 músculos, y que para sonreír nos basta con movilizar 14. Llama a las personas por su nombre. La sonido más hermoso es oír el propio nombre. Sé amistoso y gentil. Si quieres tener amigos, sé amigo. Sé cordial. Habla y actúa con sinceridad, haz las cosas con gusto. Interésate sinceramente. Recuerda que algo sabes, pero no sabes todo lo que otros saben. Sé generoso al elogiar y cauteloso al criticar. Los líderes elogian. Saben animar, dar confianza y elevar la autoestima. Aprende a captar los sentimientos. Hay tres ángulos en toda controversia: el tuyo, el del otro y el del que sólo ve lo suyo con demasiadas certezas. Presta atención a la opinión de los otros. Tres son las actitudes de un auténtico líder: oír, aprender y saber elogiar. Aporta tus capacidades. Lo que realmente vale en nuestras vidas es aquello que hacemos por los demás.

Cuentos y leyendas

Una sabia y conocida anécdota dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Adivino para que interpretara su sueño. -¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Adivino- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad. ¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡Fuera de aquí!!! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: -¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes. El semblante del Sultán se iluminó y con una gran sonrisa… …ordenó que le dieran cien monedas de oro al segundo Adivino. Cuando éste salía del palacio, uno de los guardias le dijo admirado: -¡No es posible!. La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. -Recuerda bien amigo mío – respondió el segundo Adivino – que todo depende de la forma en que decimos las cosas…. uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse.

sábado, 7 de julio de 2012

Equivocarse

El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos. No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que, por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna. No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que, por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida. No se equivoca el pájaro que ensaya el primer vuelo y cae al suelo; se equivoca el que, por temor a caerse, renuncia a volar y no abandona el nido. No se equivoca el niño que gatea porque quiere caminar; se equivoca el que, por temor a equivocarse, no gatea y no aprende a caminar. No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas; se equivoca aquél que, por temor a equivocarse, no camina. No se equivoca el hombre que busca la verdad y no la encuentra; se equivoca el que, por temor a errar, deja de buscarla. No se equivoca el hombre que expresa lo que siente y es rechazado; se equivoca el que, por miedo a decir lo que siente, deja de expresar su amor a otra persona. No se equivoca el hombre que comienza a cambiar dando pequeños pasos; se equivoca el que, por tratar de dar un giro total a su vida, nunca da el primer paso que inicia el camino que lo llevará a dar la vuelta al mundo. No se equivoca el hombre que pierde su vida por jugarla en serio; se equivoca el que, por temor a perderla, la pierde en vano sin jugarse nunca. No se equivoca el hombre que cree saberlo todo sin haber buscado dentro. Se equivoca el hombre que no busca dentro toda la verdad que yace el centro de su ser. Se equivocan aquéllos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente.

El arte de armargarse

“Cualquiera puede llevar una vida amargada, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende…”Hay muchas formas efectivas que utilizamos para amargarnos la vida, pero hoy una en particular me llama la atención: el uso que damos al mecanismo de la profecía autocumplida. Así que te dejo con los expertos: En el periódico de hoy, su horóscopo le advierte (y también aproximadamente a 300 millones más que nacieron bajo el mismo signo del Zodíaco) que usted puede tener un accidente. En efecto, a usted le pasa algo. Por tanto, será verdad que la astrología tiene gato encerrado. O ¿cómo lo ve usted?, ¿está usted seguro de que también le habría ocurrido un accidente, si no hubiese leído el horóscopo?, ¿si usted estuviese realmente convencido de que la astrología es un bulo craso? Naturalmente, esto no puede explicarse a posteriori. Es interesante la idea del filósofo Karl Popper que dice —simplificando mucho- que la profecía horrenda del oráculo a Edipo se cumplió precisamente porque éste la conocía e intentó esquivarla. Y justo lo que hizo para escaparse de ella, fue lo que llevó al cumplimiento de lo que había dicho el oráculo. Si ello es así, aquí tendríamos otro efecto de la evitación, es decir, su virtud de atraer en determinadas circunstancias justamente lo que pretende evitarse. ¿Qué circunstancias son éstas? Primero, una predicción en el sentido más amplio: cualquier expectación, temor, convicción o simple sospecha de que las cosas evolucionarán en este sentido y no en otro. Hay que añadir que dicha expectación puede ser desencadenada tanto desde fuera, por ejemplo, por personas ajenas, como por algún convencimiento interno. Segundo, la expectación no ha de verse como expectación sino como realidad inminente contra la que hay que tomar enseguida unas medidas para evitarla. Tercero, la sospecha es tanto más convincente cuanto más personas la compartan o cuanto menos contradiga otras sospechas que el curso de los acontecimientos ha ido demostrando. Así, por ejemplo, basta la sospecha -con o sin fundamento, no tiene importancia- de que los otros cuchichean o se burlan en secreto de uno. Ante este «hecho», el sentido común sugiere no fiarse de los otros. Y como, naturalmente, todo sucede detrás de un velo tenue de disimulo, se aconseja afinar la atención y tomar en cuenta hasta los indicios más insignificantes. Sólo hace falta esperar un poco y pronto puede uno sorprender a los otros cuchicheando y disimulando sus risas, guiñando el ojo e intercambiando signos conspiradores. La profecía se ha cumplido. De todos modos, este mecanismo funciona realmente sin fallos, si usted no ajusta las cuentas consigo mismo de la contribución que usted haya aportado al caso. … Además, una vez que el mecanismo se ha puesto en marcha, ya no se puede comprobar más ni tiene interés alguno averiguar qué fue lo primero: si su conducta desconfiada fue la que provocó las risas de los otros o si las risas de los otros le hicieron a usted desconfiado. Las profecías autocumplidas crean una determinada realidad casi como por magia y de aquí viene su importancia para nuestro tema. No sólo ocupan un lugar fijo de preferencia en el repertorio de cualquier aspirante a la vida amargada, sino también en ámbitos sociales de más envergadura. Si, por ejemplo, se impide a una minoría el acceso a ciertas fuentes de ingresos (pongamos, por caso, a la agricultura o a cualquier oficio manual), porque, en opinión de la mayoría, es gente holgazana, codiciosa o sobre todo «no integrada», entonces se les obliga a que se dediquen a ropavejeros, contrabandistas, prestamistas y otras ocupaciones parecidas, lo que, «naturalmente», confirma la opinión desdeñosa de la mayoría. Cuanto más señales de stop ponga la policía, más transgresores habrá del código de circulación, lo que «obliga» a poner más señales de stop. Cuanto más una nación se siente amenazada por la nación vecina, más aumentará su potencial bélico, y la nación vecina, a su vez, considerará urgente armarse más. Entonces el estallido de la guerra (que ya se espera) es sólo cuestión de tiempo. Cuanto más alta es la tasa de impuestos en un país, para compensar así los defraudes de los contribuyentes, que, naturalmente, ya se supone de antemano no van a ser sinceros, más ocasión se da a que también los ciudadanos honestos hagan trampa. Si un número suficiente de personas cree un pronóstico que dice que una mercancía determinada va a escasear o a aumentar de precio (tanto si «de hecho» es verdad como si no lo es), vendrán compras de acaparamiento, lo que hará que la mercancía escasee o aumente de precio. La profecía de un suceso lleva al suceso de la profecía. La única condición es que uno se profetice o deje profetizar y que luego lo considere un hecho con consistencia propia, independiente de uno mismo o inminente. De este modo se llega exactamente allí donde uno no quería llegar. Pregunto… si este fenómeno sistémico funciona tan bien para amargarnos la vida, ¿qué nos está impidiendo utilizarlo con fecuencia y a consciencia para hacernos la vida más grata? Espero tus comentarios. ¡Gracias!

La galletita.

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa. Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente. La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente. Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido. Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. " No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas. Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora. - ¡Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita. - De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad. El tren llega. Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: " Insolente". Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas...  ¡Intacto!

viernes, 6 de julio de 2012

El acelerador de Rajoy nos lleva a las catacumbas del XIX

El acelerador de Rajoy Dice el presidente Rajoy que, después de todas las reformas que han hecho, ahora toca “pisar el acelerador” para hacer “muchas más” y que “serán un hito en la modernización de nuestro país”. Pero bien entendido que como el Sr. Rajoy se empeña en llamar reformas a los recortes presupuestarios que afectan directamente a los servicios sociales básicos, lo que verdaderamente nos está anunciando son más recortes con mayor urgencia. Desde luego es así como lo entendemos los ciudadanos de a pie. Lo que no llega a entenderse bien es cómo tales recortes no solo van a modernizar el país, sino que serán un hito en esa modernización. Vale que sean un hito, un punto y aparte que marque un antes y un después en el bienestar de los españoles (y los extranjeros que aquí residen). Pero que tal mojón marque la modernización del país es más discutible. Si modernizar un país es precarizar el trabajo y los sueldos, subir los impuestos indirectos y un buen número de tasas, recortar prestaciones sanitarias y educativas, someterse, en fin, a las exigencias de los prestamistas y al catecismo neoliberal, entonces, sí, sí vamos camino de la modernización. Pero una modernización que huele demasiado a siglo XIX, a alpargata para unos y chistera para otros. La modernización otros la entendemos de otra manera: como el desarrollo del bien común –de la comunidad, de la polis-, no como la acumulación de riquezas por unos pocos; como el fomento de la igualdad y del conocimiento, no como la elitización de una parte de la sociedad; como el ejercicio real y no solo formal de las libertades, no como la mercantilización de la vida. El presidente Rajoy quiere pisar el acelerador para ir más deprisa y llegar cuanto antes al pasado, pero ya nos advirtió Ortega que prisa solo tienen los ambiciosos y los enfermos, y éste no me parece un caso de ambición.

Atraco perfecto

Atraco perfecto 06 jul 2012 Compartir: El magistrado del Tribunal Supremo y último ex Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, dijo ayer que los recortes sociales que se están haciendo son la crónica de un atraco perfecto. Pocas veces se ha definido algo con tanto acierto y precisión. Hoy mismo, y si no la semana siguiente, parece que van a terminar el butrón en el Consejo de Ministros, perforando la caja fuerte del Estado de bienestar con el martillo pilón de la austeridad exagerada. Ni que decir tiene que los atracados somos nosotros, los ciudadanos. Porque efectivamente, señores del Gobierno, esto es un atraco en toda regla que ustedes tratan de justificar con que han ganado las elecciones y por tanto pueden hacer lo que les dé la gana, y sin tener en cuenta que si las circunstancias son excepcionales, la confianza otorgada en unas elecciones también deberá ser excepcional y sometida a ratificación. Han enloquecido ustedes, han entrado en un campeonato de ver quien más recorta a nivel central, autonómico y municipal. Es como si hicieran caso a las ocurrencias del más tonto y cruel, desde poner garrafones con agua en los pasillos de los hospitales para que los enfermos se sirvan ellos mismos en self-service de ahorro hasta despedir a un millón de empleados no fijos para crear empleo, pasando por pensionistas de pensión rebajada en la práctica, y mil indignidades más, como la supresión de la histórica paga extraordinaria de Navidad para dejarnos sin cena. Todo forma parte del atraco. Naturalmente, ustedes son los atracadores, mezcla de rififís y rufufús, y siempre obedeciendo órdenes de sus jefes, el poder económico. Ni siquiera tienen autonomía política, son ustedes lacayos, satisfechos, eso sí, gozadores con los recortes. Y son maestros en el arte de la tortura, da la impresión de que disfrutan con ella, saben perfectamente hasta donde pueden darle una nueva vuelta de tuerca al potro sin que se nos descoyunten definitivamente los huesos, y sin que la revolución estalle. Nos atracan a cámara lenta. Ya siempre les veremos como torturadores, aunque intenten aparentar que son salvadores. La gente está hasta los cojones de ustedes. Sí, todo es un atraco, vamos de escándalo en escándalo, de Gürtel a Bankia y tiran porque les toca, la justicia es un atraco, que se olvidó de decirlo el ex Fiscal General, el Parlamento es un atraco con su juego espurio de intereses partidistas, los medios de comunicación que ustedes dominan son un atraco, las cuentas públicas son un atraco repartiéndose el botín los poderosos y privilegiados, la banca es un atraco perfecto y eterno, la represión policial es un atraco a lo que hasta ahora era pacífico y civilizado, la economía es un atraco de un hatajo de incompetentes, y el Presidente del Gobierno usa la pistola de la mentira y la ignorancia para el atraco, y el hierro candente para la tortura de la lenta miseria. Para herencia la que ustedes nos van a dejar y no la que les dejaron. Sí, esto es un atraco. —————————- Gota de las COSAS EN QUE HEMOS DEJADO DE CREER ÚLTIMAMENTE: 1. En la justicia. 2. En la política. 3. En la solidaridad. 4. En los bancos. 5. En la honorabilidad. 6. En la palabra dada. 7. En que haya algo que no sea corrupción. 8. En los cepillos de las iglesias. 9. En los medios de comunicación. 10. En el Ayuntamiento de nuestro pueblo. 11. En la eficacia de las Autonomías. 12. En los antidisturbios. 13. En Europa. 14. En el euro. 15. En que en América latina nos quieren. 16. En que alguna guerra sea justa. 17. En cualquier ministro. 18. En las amnistías fiscales. 19. En la utilidad de los recortes sociales. 20. En la justicia de los desahucios. 21. No sé si en la Monarquía. Y sin embargo somos demócratas.