La misión evangelista de los santos 'populares', en este primer año triunfal de Rajoy, ha sido “liberar a España de la herencia recibida”, extraordinario pretexto para hacer lo propio de la derecha extrema y justificar sus misiles contra la democracia y los pobres ciudadanos. El éxito de estos individuos, de las tesis más feroces del capital, y el fracaso de la población no pueden ser más palpables. La Constitución, sin anuncio oficial, queda nula. ¿Qué se va a celebrar el próximo 6 de diciembre, día de la Ley de Leyes que no existe en la práctica?...
Rajoy está convencido de que las reformas, o las tortas que saborea la ciudadanía, van a funcionar. Seguro. Pero, aunque funcionen el crecimiento económico y el empleo a partir de los pilares sembrados, los brotes nunca podrán ser verdes de esta forma. Frutos grises como mucho. Ya ven que el señor presidente cumple. La Ley de Estabilidad Presupuestaria, con todo su esplendor, tijeretea a la clase trabajadora.
El déficit es un potro desbocado que se controla con los puntapiés recibidos por la gente. Los frescos del barrio ni se arrugan. Bruselas, Berlín, el BCE, el FMI… Los banqueros reciben un balón de oxigeno y las personas se asfixian con los recortes y el plan de ajustes de los gerifaltes.
“Hacemos lo que no nos queda más remedio que hacer, tanto si gusta como si no”, pregona Rajoy con el guión alemán bajo el brazo. ¿Por qué no lo dice amenazándose a sí mismo, advirtiendo a su corte de canes de compañía y a los que residen en la burbuja del acomodo?…
El protagonismo de España en el exterior y la diplomacia económica alcanzan hoy el grado que nuestro país merece, cree Rajoy, un felpudo deshilachado ante quienes ostentan poder. Que exhibe la cachiporra de su guiñol de los horrores para atizar y meter miedo a su conveniencia. Desde que obtuvo el sillón principal del Consejo de Ministros, los viernes empezaron a convertirse en la jornada de los milagros. Véanse las medidas laborales, la educación, la sanidad, la manipulación informativa…
Se cumple, sí, un año del día de la victoria. Nuestro caudillo Mariano dará un nuevo impulso reformista con la prioridad del empleo basura. Así son todas las reformas para competir en este juego infernal. Con esta maquinaria a pleno rendimiento y los jóvenes sin presente ni porvenir fiable, De Guindos proclama una recuperación a partir de 2013. Garantizando, naturalmente, la paz en la vía pública.
La calle es de ellos, aunque haya que atar o amordazar a cualquier revoltoso. La marca España consolidará nuestra presencia en el mundo. La marca del PP. ¡Ah! El fin de los “jueces estrella” va a ser una realidad para que la corrupción no vuelva a destaparse o quede impune. ¡Magnífico! Tan formidable como que los socialistas siguen atascados pese a los atropellos del PP. Las encuestas sobre las elecciones catalanas son otro claro y serio capón.
El PSC cae por el precipicio. Ningún líder aprueba. Debe ser gracias a la credibilidad de las instituciones. CIU, aun así, es la más valorada. No parece que vaya a lograr mayoría absoluta en medio del artificioso debate soberanista con el que Artur Mas da fe de su interesado victimismo para esconder los lastres de su gestión. Fango que encaja bien en las alforjas de Rajoy a pesar de las reivindicaciones de independencia de Mas.
Pérez Rubalcaba culpa a los huestes populares de haber incumplido sus promesas y empeorado la situación total del país. Pero no pensemos que el programa del PP era como para celebrarlo… La valoración general pone por delante del presidente al líder socialista. No vale sólo con endurecer posiciones. Faltan propuestas claras y un diferenciado rumbo que lave esa deteriorada imagen.
Aquello de “acordar, discrepar y confrontar” está estupendo. Eso sí, Rajoy sólo golpea con su rodillo y es necesaria una creíble y nítida alternativa. Tras los comicios catalanes, la guerra interna del PSOE se puede recrudecer. La población, mientras, exige una salida social a la crisis, y muchos, muchísimos, repudian el desfile del día de la victoria de Rajoy. La cruzada contra los sectores más vulnerables de la sociedad sigue ahí.
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