jueves, 9 de junio de 2016

Contestando a Susana Diaz

Este artículo contesta las declaraciones que hizo ayer Susana Díaz, acusando de impostor a Pablo Iglesias por presentarse como la nueva socialdemocracia. En el artículo se muestra que ha sido precisamente el distanciamiento del PSOE de las políticas tradicionalmente socialdemócratas lo que ha creado la enorme crisis de tal partido. Su adaptación al neoliberalismo, consecuencia de su complicidad y maridaje con el establishment financiero y económico, explica su promoción de políticas neoliberales, causa de su retroceso electoral.


La Presidenta de Andalucía, que provisionalmente apoya al candidato del PSOE para la presidencia del gobierno español, el Sr. Pedro Sánchez, acusó a Podemos en general, y a Pablo Iglesias en particular, de haberse presentado en un denunciable ejercicio de camuflaje como la nueva socialdemocracia, subrayando que el socialdemócrata de verdad es el PSOE, siendo Podemos un impostor. Y como un indicador de tal impostura señaló que Marx y Engels –presentados por Pablo Iglesias como socialdemócratas- no habían sido en realidad socialdemócratas. Esta declaración por parte de una persona (Susana Díaz) que aspira a ser la Secretaria General del PSOE es sorprendente y preocupante. Marx y Engels fueron fundadores del proyecto político encaminado a establecer el socialismo, objetivo que podía alcanzarse bien a través de la vía democrática (los orígenes de la socialdemocracia), o bien a través de la vía revolucionaria (el marxismo leninismo o comunismo). Ambas tradiciones políticas han estado basadas en el marxismo, y por lo tanto ambas pueden atribuirse el haber establecido sus bases ideológicas en los escritos de tales autores. Es más, incluso cuando el PSOE renunció al marxismo como ideología de partido, promovió en sus escritos mantenerlo como instrumento de análisis crítico y teórico (véanse los documentos del Congreso Extraordinario de 1979).

La vía leninista se realizó más en los países subdesarrollados (la Unión Soviética, China o Cuba, entre otros) que en los países desarrollados, donde la vía socialdemócrata fue la que prevaleció. En Europa, el Estado del Bienestar (componente importante del socialismo) se alcanzó por la vía democrática, siendo la socialdemocracia uno de los máximos responsables del desarrollo de la Europa Social. Alcanzó su máximo desarrollo en los países escandinavos, que fueron gobernados durante la mayor parte del periodo 1945-1990 por partidos socialdemócratas aliados con partidos comunistas y/o verdes y/o agrarios. Quisiera acentuar que el motor de tal proyecto siempre fue el de desarrollar una sociedad en la que se distribuyeran los recursos según el principio de “a cada persona según su necesidad, y de cada persona según su habilidad y capacidad”, necesidad y habilidad definidas democráticamente. Hoy tales países, gobernados por la socialdemocracia durante más tiempo (los países escandinavos), son los países que tienen menos desigualdades de clase y de género, mayor gasto público social por habitante, mayor progresividad fiscal, y cuyo Estado es más redistributivo, más transparente y más participativo. Son también, por cierto, los Estados más descentralizados con mayor protagonismo del poder local y municipal (ver Democratic Class Struggle, de Walter Korpi).

¿Qué ha pasado con la socialdemocracia española?

El PSOE ha sido, durante el período democrático, el partido que más ha expandido el Estado del Bienestar, históricamente poco desarrollado y poco financiado. Pero su adaptación al Estado heredado de la dictadura tuvo costes elevados, incluyendo su moderación. Y su integración en el establishment político-mediático significó su acatamiento y complicidad con los establishments financieros y económicos, que solidificaron su creciente moderación, abandonando en su camino muchos principios y muchas demandas, y convirtiéndose en una organización cada vez más vertical, autoritaria y poco democrática. Y lo sé porque lo vi con mis propios ojos.

Desde que volví del exilio he asesorado a todos los gobiernos progresistas (a nivel estatal, autonómico y local) que me lo han pedido. Y en esta condición he asesorado a todos los gobiernos socialistas que ha habido durante el período democrático, sobre todo en áreas de política social, pero también en áreas de políticas económicas. Creo que contribuí sustancialmente al establecimiento del cuarto pilar del Estado el Bienestar (ver mi artículo “El cuarto pilar del Estado del Bienestar”, Público, 15.10.09).

Ahora bien, mi distanciamiento apareció a raíz de la respuesta que el gobierno Zapatero le dio al inicio de la crisis. Fue entonces cuando se interrumpió mi relación de asesoría al PSOE, pues su respuesta era típica del pensamiento neoliberal, equivocándose en su diagnóstico y en sus recetas. Y dentro del PSOE fue la victoria de los liberales, liderados en parte por Jordi Sevilla, al cual conocí bien, y con el cual tuve muchos desacuerdos debido a su postura explícitamente liberal. Fue bajo su consejo que Zapatero indicó que bajar impuestos era de izquierdas (ver mi artículo ” El referéndum es una excusa del PSOE y de las derechas para que no se establezca un gobierno de izquierdas”, Público, 18.02.16). Hoy dirige el equipo económico del Sr. Pedro Sánchez. En su respuesta a la Gran Recesión el PSOE dejó definitivamente de ser socialdemócrata, y antepuso el proyecto liberal al proyecto socialdemócrata. Ello era fruto y consecuencia del maridaje entre el aparato del PSOE y el establishment financiero-económico.

colaborando con la revista Temas para el debate, dirigida por lo que se llamaban “guerristas”, que subrayaban el deseo de estar abiertos, dar la bienvenida y ofrecer colaboración a todas las voces críticas de izquierdas, reputación que no respetaron cuando me vetaron por escribir un artículo crítico con la respuesta del PSOE a la crisis (ver “La ausencia de la necesaria autocrítica en la socialdemocracia”, Público, 13.05.14). Antes había tenido ya tensiones por un artículo escrito donde había defendido una visión plurinacional y no jacobina de España. Su tolerancia hacia tal artículo fue nula, dentro de una sensibilidad (la guerrista) que consideraba que el presidente socialista de la Generalitat, José Montilla, y la vicepresidenta del PSC, Manuela de Madre, estaban “contaminados de nacionalismo”. Y ahí está el problema. No hay izquierda hoy dentro del aparato del PSOE. Este partido es un aparato, parte de la casta, que está defendiendo sus intereses de aparato a ultranza. Es sorprendente la falta de diversidad y debate dentro del PSOE, y también la falta de protesta entre sus bases por su comportamiento. De ahí la interrupción de mi colaboración y asesoramiento. Conocí a gente excelente pero que escogieron permanecer en silencio, por un sentido de lealtad mal aplicado. Las bases del PSOE son claramente de izquierdas, y el gran retroceso electoral de la socialdemocracia en España y en Europa se debe precisamente a la adaptación al neoliberalismo por parte de tales aparatos. El último caso es lo que está sucediendo en Francia.

La aparición de Podemos y mi asesoramiento a tal partido

Debido a lo narrado anteriormente era, pues, lógico que saludara con gran alegría el 15-M, cuyo éxito fue debido a que pudo comunicarse con las clases populares, canalizando su descontento. Sus demandas no eran demandas a favor de la revolución socialista o del fin del capitalismo. Influenciadas por la Primavera Árabe, sus demandas eran mucho más sencillas y mucho más amenazantes para la estructura de poder. Cuando rodearon las Cortes Españolas y el Parlament de Catalunya (en mi presencia, pues me habían invitado a dar una charla en tales actos) pedían democracia, una demanda que implicaba una denuncia precisamente de la falta de democracia en las instituciones representativas del país. Sus eslóganes fueron muy populares. “No nos representan” lo decía todo. Y el 82% de la población española estaba de acuerdo. “No hay pan para tanto chorizo” era otro eslogan, también muy popular, que señalaba la extendida corrupción del Estado, basada en el maridaje entre el poder financiero y económico por un lado y el poder político-mediático por el otro.

Fue precisamente la certeza del diagnóstico por un lado, y la sencillez y accesibilidad de su discurso por el otro, lo que explica su enorme capacidad de movilización. Y utilizaron ampliamente el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España (escrito por Juan Torres, Alberto Garzón y yo mismo) como un punto de referencia. El libro mostraba, por ejemplo, que Zapatero congeló las pensiones cuando podría haber conseguido más dinero manteniendo el impuesto de patrimonio o anulando la rebaja del de sucesiones, o que Rajoy podía haber revertido la bajada del impuesto de sociedades de las empresas que facturaban 150 millones de euros al año y que representaban menos del 0,12% de todas las empresas, consiguiendo con ello casi el mismo dinero que el que consiguió recortando 6.000 millones de euros de la sanidad pública. Se habrían evitado los recortes si hubieran seguido las alternativas que nosotros sugeríamos. Estos datos, fácilmente entendibles, mostraban claramente la falsedad del argumento de que no había alternativas, argumento utilizado por la estructura del poder para defender políticas sumamente impopulares. Se mostraba así que el PSOE había dejado de ser socialdemócrata. Y es ahí donde el maridaje entre el aparato del partido y los lobbies financieros y económicos apareció en toda su crudeza, en la aplicación de las políticas de austeridad y de reforma laboral que inició el gobierno del PSOE, y que más tarde el gobierno del PP continuó y expandió.

Hacía falta una nueva fuerza política basada en el rechazo a tales políticas, y que recuperara el proyecto de establecer una sociedad más justa y más solidaria que había sido abandonado por el PSOE. Era, pues, predecible que nos invitaran a mí, junto con el profesor Juan Torres, autores del libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España junto con Alberto Garzón, para que los dos escribiéramos el marco estratégico de sus políticas económicas. Y así surgió “Un proyecto económico para la gente” (ver el documento “Democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida. Una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española”). Este plan era de clara sensibilidad socialdemócrata, con acento escandinavo. El programa final de Podemos, y ahora el de Unidos Podemos, encaja, en su gran mayoría, con este marco que definimos.

Referirse a tal propuesta como bolivariana, utópica, irrealizable, y otros epítetos, define más al que insulta que al insultado. Es absurdo, demagógico y profundamente deshonesto. Ellos lo saben, y deberían avergonzarse de tanto insulto. En mi vida he asesorado a muchísimos gobiernos, desde los gobiernos Allende y Fidel Castro (en su reforma sanitaria), por un lado, a los gobiernos socialdemócratas suecos, a la Casa Blanca (en la reforma sanitaria dirigida por la Sra. Clinton), al gobierno Felipe González, así como al tripartito de Pasqual Maragall. Y nunca había encontrado tanta hostilidad (casi odio) como en el caso de este programa, consecuencia de que las derechas (y ahora el PSOE) tienen una cultura democrática muy limitada.

En defensa de Pablo Iglesias

Y aprovecho para defender a Pablo Iglesias, hoy considerado no el adversario, sino el enemigo nº 1 del establishment financiero-económico-político-mediático del país. El grado de odio expresado hacia Podemos en general, y hacia Pablo Iglesias en particular, es extremo y, francamente, repugnante. Léanse el editorial de El País del pasado domingo 5 de junio, y verán lo que digo. Me apena que profesionales que respeto de ese rotativo hayan permanecido callados delante de tanta mala leche y bajeza. Y verán que pronto los Eduardo Indas de turno “descubrirán” que Pablo Iglesias estuvo envuelto en el asesinato del presidente Kennedy.

Se habla constantemente de la agresividad de Pablo Iglesias hacia el PSOE, con la famosa “cal viva” refiriéndose a Felipe González. Pero no se dice que esta expresión de Pablo Iglesias fue en respuesta a la gran agresividad de Pedro Sánchez, expresada minutos antes en el debate parlamentario, cuando acusó a Podemos de apoyar a ETA, y solo un par de días después de que Felipe González acusara a Podemos de recibir dinero y apoyar a un gobierno dictatorial peor que el liderado por el General Pinochet. Es difícil alcanzar un nivel más alto de mala leche. Y El País nunca se ha referido a la agresividad de tales señores, a los cuales Pablo Iglesias respondía. Y ya no digamos de La Razón o el ABC.

Habiendo demonizado a Pablo Iglesias, ahora la estrategia del PSOE es centrarse en Pablo Iglesias como el responsable directo de que Rajoy continúe en el gobierno, ocultando que había otra alternativa, la alianza de las izquierdas con el PNV, que hubiera terminado con las políticas neoliberales, nefastas para este país.

Una vez más se utiliza la llamada a la Unidad de España para defender intereses financieros y económicos específicos

La realidad es que la llamada a la Unidad de España se repite una vez más para defender los intereses económicos y financieros que resultarían afectados por la aplicación de las políticas socialdemócratas que propone ahora Unidos Podemos. Hoy el tema nacional y el tema social están íntimamente ligados. Son los que defienden la España uninacional los mismos que están aplicando las políticas neoliberales que dañan a España. Pero otra versión de España, la España plurinacional, está surgiendo desde la periferia hasta el centro. La alianza de todas estas fuerzas, reflejada en la alianza Unidos Podemos, representa una gran posibilidad de cambio profundo en España, revirtiendo las políticas neoliberales que han sido tan dañinas para la calidad de vida y el bienestar de las clases populares de este país.

martes, 7 de junio de 2016

El banco de España como herramienta de casques

es una crítica de la enorme insensibilidad, cuando no incompetencia, que presentan el gobernador y el consejo de gobierno del Banco de España, el cual en su último informe sobre la situación económica de este país continúa insistiendo en las políticas neoliberales que han dañado enormemente a sus clases populares, a la vez que han impactado muy negativamente en el quehacer económico.


En un momento de gran descrédito de las políticas públicas neoliberales que se han estado imponiendo (y digo imponiendo, pues no estaban en los programas electorales de los partidos gobernantes) en los países de la Eurozona, incluyendo España, el Banco de España (el Vaticano del neoliberalismo en este país), que actúa más como el lobby de la banca privada que como un banco central, acaba de publicar un informe sobre la situación económica de España en el que, una vez más, aparece el mismo recetario de propuestas que se han ido aplicando durante todos estos años de gobernanza del país por parte del Partido Popular, y que ha tenido unas consecuencias desastrosas para el bienestar de las clases populares (que han sufrido enormemente con la aplicación de tales políticas). Hoy, una de cada tres personas menores y cuatro de cada diez jóvenes están en riesgo de pobreza, siendo esta tasa de riesgo de pobreza seis puntos por encima de la media europea. Casi el 40% de las familias monoparentales están también en situación de riesgo de pobreza.

Completando esta fotografía deprimente de la realidad, nos encontramos con un gran deterioro del Estado del Bienestar. Es ampliamente reconocido que los servicios públicos como la sanidad y la educación se han deteriorado como resultado de los “recortes” del gasto público. Los salarios han bajado y la precariedad ha subido como consecuencia de las reformas laborales, sin que aumentara el porcentaje de la población ocupada, habiendo alcanzado España el nivel más elevado de desempleo en la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al español) después de Grecia. El salario mínimo (en porcentaje sobre el salario medio) está muy por debajo de la media europea.

Pero al impacto sumamente negativo sobre el bienestar y calidad de vida de las clases populares que han tenido las políticas promovidas por el Banco de España y por el gobierno Rajoy, hay que sumarle el enorme daño al quehacer económico. El Estado español, que estaba en superávit cuando se inició la crisis (2007), y que tenía una deuda pública de solo algo más de un 30% del PIB, hoy tiene un elevado déficit y en un nivel de deuda pública que sobrepasa ya el 100% del PIB. A la luz de estos datos, es sorprendente el grado de adhesión del Banco de España al dogma liberal, cuando las políticas inspiradas por este dogma han sido claramente desacreditadas al analizar sus resultados. Es difícil sostener que tales políticas hayan conseguido lo que proclamaban que deseaban. En realidad, tales políticas han causado un gran dolor entre las clases populares, consiguiendo lo opuesto a lo que en teoría decían desear.

Y a pesar de esta obviedad, continúan perjudicándonos, con la impunidad y pomposidad que les da el poder (y las grandes cajas de resonancia que les proveen los mayores medios de información y persuasión), señalando que hay que continuar flexibilizando el mercado de trabajo, bajando los salarios y recortando el gasto público (y específicamente el gasto público social). Este mensaje de que hay que privatizar y desmantelar el Estado del Bienestar nos llega a Catalunya (y a todos los pueblos y naciones de España) a través no solo del gobernador del Banco de España, sino también de los miembros del consejo de gobierno de tal institución, a los que se les ofrecen grandes cajas de resonancia en sus afirmaciones de que nos gastamos demasiado en el bienestar público.

La teoría neoliberal y sus errores

La teoría que utiliza el equipo de dirección del Banco de España (incluyendo su gobernador, el Sr. Luis María Linde) es que el mayor problema de España es su supuesta falta de competitividad. De esta lectura derivan que hay que disminuir los salarios para vender los productos más baratos en el exterior, basando su estrategia de recuperación y estímulo de la economía en la necesidad de expandir el crecimiento de las exportaciones. Pero este mensaje se ha mostrado poco creíble en base a los datos procedentes tanto de España como de otros países –sobre todo en Latinoamérica- que quisieron salir de la crisis a base de las exportaciones, devaluando la demanda doméstica a base de bajar los salarios. En todos ellos esta estrategia ha fracasado, y por causas muy comprensibles. En realidad, durante los años de gran crisis las exportaciones en España han ido bien, sin descender. Es más, subieron sin que ello significara una salida de la crisis. Y ello es fácil de entender.

El mayor estímulo de la economía no procede de las exportaciones, sino de la demanda doméstica, que a su vez procede de dos factores: el número de asalariados y el nivel de sus salarios, por un lado, y el gato público por el otro. Estos dos factores son claves para entender el consumo y la demanda doméstica, el crecimiento económico y la producción de buen empleo.

La evidencia de ello es clara y contundente. La manera como EEUU salió de la Gran Depresión fue a base de un gran aumento del gasto público y una expansión de la población ocupada y de los salarios (mediante el estímulo de la sindicalización, incentivada por las políticas del gobierno federal). Algo parecido ocurrió inmediatamente después de la II Guerra Mundial en Europa, en donde las economías estaban en recesión. La solución fue un gran aumento del gasto público (estimulado por el Plan Marshall), el establecimiento del Estado del Bienestar y un crecimiento de los sindicatos. Y ahora que estamos en una situación que para millones de españoles es semejante a la Gran Depresión, el Banco de España aconseja bajar los salarios y reducir y desmantelar el Estado del Bienestar.

Está claro que o son incompetentes (lo cual no descarto para el equipo de dirección del Banco de España), o son tan fanáticos con su dogma neoliberal que a pesar de todo siguen siendo insensibles al enorme daño que están causando. En realidad es justa la pregunta de cómo pueden ser tan insensibles. Y la respuesta es también fácil de ver. Es su servilismo y docilidad hacia el capital financiero (a la banca privada) y hacia el mundo empresarial, que están consiguiendo lo que siempre desearon. Hoy las rentas del capital en España (como porcentaje de las rentas totales) son ya superiores a las rentas del trabajo. Una situación única en la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al que tiene España). Y ahí está la raíz del problema. La pobreza de la demanda y la pobreza de la población y del sector público se deben a que la mayoría de ingresos al Estado proceden de las rentas del trabajo. Al descender estas, desciende la demanda y aumenta la pobreza. Pero el Banco de España prefiere ignorar esta situación. Quiere que continúen la precariedad, los bajos salarios y los recortes. Y todo ello propuesto por un gobernador y unos consejeros que tienen los contratos más rígidos y más estables, y unos de los salarios más altos que hay en España, los cuales, desde la élite y casta donde viven, aconsejan que se haga lo opuesto para todos los demás. Así es el Banco de España.

jueves, 26 de mayo de 2016

La izquierdas equivocadas

Una de las lecturas generalizadas de la estructura social del capitalismo avanzado es que el 1% de la población que tiene mayor propiedad de capital y tiene mayores rentas, es la nueva clase dominante, tanto a nivel mundial como dentro de cada país. Tal 1% se le considera constituido por los propietarios y gestores de las compañías transnacionales pertenecientes a la economía productiva (donde se realiza la producción y distribución de bienes y servicios) y/o a la economía financiera (como las grandes entidades bancarias y las compañías de seguros), que a través de su enorme influencia en las instituciones políticas de carácter representativo y en los grandes medios de información, ejercen un poder supuestamente omnipotente sobre el resto de la población, es decir, sobre el 99% restante. Aparecen así eslóganes, dentro de los movimientos sociales de sensibilidad progresista, sobre la necesidad de movilizar el 99% de la población frente al 1%. En EEUU, por ejemplo, el Movimiento Occupy Wall Street hizo suyo el eslogan que el conflicto básico en EEUU era el que existía entre el 99% de la población y el 1%. Y en España (incluyendo Catalunya) han aparecido movimientos que utilizan el mismo eslogan o el mismo principio, asumiendo que el conflicto es entre la gran mayoría de la población, referida frecuentemente como el pueblo, contra este 1%.

Esta visión, sin embargo, es extraordinariamente simplista y no ayuda a las propuestas de transformación de la sociedad, pues no configura correctamente la lectura del mapa estratégico que los movimientos sociales y políticos transformadores deben realizar para separar los adversarios (es decir, personas o grupos sociales que defienden intereses opuestos a los de los agentes transformadores) de los aliados (personas que tienen intereses semejantes y/o compatibles con los de las fuerzas transformadoras). Esta distinción –adversario versus aliados- es clave, pues el proyecto progresista requiere de una amplia alianza de fuerzas que representen a la mayoría de la población, y muy en especial a las clases populares. Pero tal mayoría no es, ni mucho menos, el 99%, pues hay al menos un 20% de la población que está sirviendo al 1% en su función controladora y reproductora de las relaciones de poder, y cuyos intereses están íntimamente ligados al famoso 1%. Este 20% juega un papel clave en la pervivencia del sistema de poder, donde el 1% superior controla los ejes del poder económico y financiero, y desde ahí los ejes del poder político y mediático.

La imagen del 99% frente al 1% no refleja esta realidad y erróneamente asume la posible alianza de las clases populares (que constituyen casi el 80% de la población) con este 20% que tiene intereses opuestos a los de las clases populares. De ahí la necesidad de recuperar categorías científicas de la estructura social -como clases sociales- que han sido abandonadas por “anticuadas”, y cuyo abandono ha sido resultado del gran domino del 1% (es decir, de la clase capitalista) sobre la sociedad, de manera que a mayor poder tiene tal clase, menor es la aparición de tales términos en la narrativa del discurso hegemónico de la sabiduría convencional.

La clase profesional (The professional class)

Un componente clave de este 20% de la población es la clase compuesta por profesionales, la mayoría con educación superior, que configura la sabiduría convencional del país y que beneficia al 1%, puesto que, como he dicho en la sección anterior, está a su servicio. Thomas Frank ha escrito un libro, Listen, Liberal (Escucha, liberal), que define muy bien la naturaleza de esta clase profesional, la cual ha configurado la cultura política y mediática del país, definiendo lo que se considera “aceptable” y “respetable” y lo que no lo es, confirmando la situación que habían ya adelantado, hace ya años, con gran certeza Noam Chomsky y Edward S. Herman en su excelente libro Manufacturing Consent (“Fabricando el consentimiento”).

Los componentes de esta clase proceden en su gran mayoría de las clases medias de renta alta que han ido a los colegios privados en España (con subsidios públicos) y a las universidades de élite, tanto en España como en EEUU, y que trabajan intelectualmente para hacer aceptable la distribución de poder en la sociedad actual, basada en la supuesta meritocracia. Y, en su mayoría, los miembros de esta clase comparten toda una serie de valores que pueden definirse como liberales (en el sentido europeo de la palabra, pues, en EEUU, la expresión liberal sirve para definir las sensibilidades socialdemócratas, como la del actual candidato a la presidencia, el senador Bernie Sanders. La falta de aclaración de esta distinción por parte de los corresponsales de los medios de información españoles crea unas enormes confusiones).

Estos valores liberales aparecen en las diferentes dimensiones del quehacer público. En educación consideran la educación privada mejor que la pública, pues permite la mejor expresión de un elemento muy valorado por tal clase, que es la reproducción de una distinción jerárquica y social. En España, el porcentaje de la población que acude a la escuela privada (con subsidio público) es el 30% de la población, que incluye, además de la burguesía y pequeña burguesía, predominantemente la clase media profesional.

Los dogmas de tal clase

En economía, tal clase social suele ser la defensora del famoso “hombre económico” que, a través de su mano invisible, permite la expresión de la libertad. Desfavorece políticas públicas que tengan como objetivo la redistribución de los recursos por considerarla irrelevante. Atribuye su posición en la jerarquía de poder social al mérito de sus propias cualificaciones, y tiene un enorme respeto y docilidad hacia el 1%, compitiendo por sus favores. El componente gestor dentro del 1% procede en su mayor parte de esta clase. Los directivos y gestores de las grandes empresas del país pertenecen a esta clase.

En sanidad, favorece, de nuevo, como en la educación, el sistema privado, por considerarlo más eficiente (en contra, por cierto, de toda la evidencia existente, como muestro en mi artículo “Las enormes limitaciones del modelo neoliberal: el caso de la sanidad estadounidense”, Público, 22.03.16), y, aunque no se opone a la responsabilidad pública de garantizar el acceso a la sanidad pública, ve esta responsabilidad como asistencial y/o residual, favoreciendo el aseguramiento sanitario privado (aunque con subsidios públicos), enfatizando la responsabilidad individual en el mantenimiento de la salud, y exigiendo una contribución en forma de pago por la utilización de servicios, sobre todo para evitar el supuesto “abuso” en la utilización del sistema sanitario público por parte de las “masas populares”.

Gran parte de los aparatos de los partidos conservadores (PP) y liberales (Ciudadanos y Convergència), incluyendo socioliberales (sectores del aparato del PSOE), son un ejemplo de este pensamiento. Cuidadores de su palabra, para respetar el lenguaje políticamente correcto, se le escapan de vez en cuando sus maneras elitistas y clasistas. Ejemplos claros de este comportamiento son los fundadores y dirigentes de Ciudadanos, el partido que representa mejor tal mentalidad y tal clase profesional. Las declaraciones del Sr. Félix de Azúa –fundador de Ciudadanos- en referencia a la alcaldesa de Barcelona, la Sra. Ada Colau, diciendo que en lugar de alcaldesa debería estar trabajando en un puesto de venta de pescado en el mercado, expresan claramente su menosprecio para tal tipo de trabajo, clasismo enormemente prevalente en este grupo profesional. Su deseo de encajar en el lenguaje políticamente correcto y su aspiración de distanciarse de los iconos culturales e ideológicos (como la Iglesia Católica) de las derechas tradicionales españolas (como el PP o Unión Democrática) les convierten en la derecha laica liberal. Otro ejemplo de clasismo es su frecuente referencia a la clase trabajadora como la “clase baja”, expresión muy utilizada en la cultura política y mediática del país, que constantemente define la estructura social de España (incluyendo Catalunya) en clase alta, clase media y clase baja. Ver los discursos de Albert Rivera como muestra de la utilización de tales términos.

El obstáculo mayor para el cambio es mucho más grande que el 1%

Este 20% significa uno de los mayores obstáculos para que se realice un cambio sustancial progresista en este país. Y ello se debe a que sus intereses, como he indicado anteriormente, están claramente relacionados con los intereses del 1%. Uno de los mejores ejemplos de ello es la polarización del Estado del Bienestar por clase social en España. El sistema educativo, polarizado por clase social, que ocurre en España (y muy acentuado en Catalunya), con el 30% de la población infantil (perteneciente a esta clase profesional en su mayoría) educándose en las escuelas privadas (subvencionadas con fondos públicos), y el 70% educándose en las escuelas públicas (con un coste por alumno más bajo que en la privada), no puede, desde una visión progresista, defenderse y/o mantenerse, a lo cual se opondrán, no solo el 1%, sino el 30% (que tiene un enorme poder), grupo que apoyará al 1% con toda intensidad, pues sus beneficios dependen de la reproducción del sistema en el que el 1% establece las normas que hacen permisible esta polarización por clase social. Y ahí está el error de algunos sectores, bien intencionados, pero profundamente equivocados, de algunas fuerzas progresistas de este país. Establecer una estrategia de cambio basado en este entendimiento de que el conflicto de intereses es el 99% frente al 1%, es profundamente errónea, pues este 20% ó 30% tiene intereses contrapuestos, más ligados al 1% que no a los intereses de la mayoría de la población. De ahí su error. Así de claro.



miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Quo vadis?,¿andalucía?

Afortunadamente una manifestación en Córdoba y otra en Sevilla el pasado domingo 28 de febrero han recordado que el 28F no es el día de la raza, y que la lucha por la autonomía andaluza no fue la reivindicación de la España cañí que el bipartidismo decadente nos ha pretendido vender estas semanas. Pues no de otra forma deben entenderse los recientes discursos de Susana Díaz o la exhibición impúdica de 600 metros cuadrados de bandera andaluza por las Nuevas Generaciones del PP sin que les quemara las manos. Como se encargaba Isidoro Romero de recordar recientemente, la lucha por la autonomía plena de Andalucía no fue una especie de LOAPA contra la reivindicación nacional de Euskadi y Catalunya, sino un ejercicio de rebeldía frente unas relaciones sociales que existían, y siguen existiendo, en el interior de la propia sociedad andaluza. Unas relaciones de dominación que, treinta y cinco años más tarde, siguen presentes y cuyo resultado se sintetiza en que el paro en Andalucía siga escandalosamente por encima de la media española y europea, revelando la naturaleza de clase del “hecho diferencial” andaluz.

En estas semanas y al calor del denominado “debate territorial”, se ha querido utilizar la autonomía andaluza como aval de la Constitución de 1978. Se obvia que fue precisamente la lucha del pueblo andaluz por la autonomía plena la primera forma de lucha masiva y democrática contra los límites de aquella, que consagraba una situación inicial en la que sólo aquellas comunidades que obtuvieron Estatuto de Autonomía en la Segunda República tenían derecho a la vía rápida a la descentralización política. Y que fue esa lucha la que obligó a forzar la interpretación del texto constitucional al ceder al acceso de Andalucía a su autonomía contra las propias previsiones legales, no sólo las implícitas sino las explícitas.

¿Qué ha pasado casi cuarenta años después? El instinto de clase que posicionó a la derecha contra la autonomía andaluza a finales de los 70 y primeros 80 del siglo pasado permite hoy a JuanMa Moreno disputarle a Susana Díaz el derecho a envolverse en la bandera blanquiverde. No es extraño, pues el papel jugado por el PSOE en la amortización del potencial desestabilizador de la autonomía andaluza ha sido impagable. En su obra sobre la historia y las instituciones del capitalismo andaluz, Carlos Arenas describe como la tarea más urgente para los socialistas en el poder tras 1982 fue desactivar la agitación política que se vivía en Andalucía desde los años 70, clave para consolidar el régimen de la transición.

No es la primera vez que ocurre en la historia. En la caída del Antiguo Régimen, en la primera y segunda repúblicas y ahora en la “transición”, la burguesía andaluza ha ido ganando las batallas, unas veces con la sangre, otras con el clientelismo, para preservar su particular modelo de dominación en alianza con otras fracciones burguesas españolas y, ahora, europeas. La importancia política de mantener muda a Andalucía para la estabilidad del poder de clase es enorme. Hay que recuperar la “murga de los currelantes” para evitar que Andalucía se convierta en un significante vacío. La unidad popular pasa por recuperar el impulso protagonista del pueblo andaluz.

martes, 9 de febrero de 2016

Las malas compañías

Las malas compañías


Si Sánchez tuviera que pasar por el angustioso trance al que sometían en mis tiempos las visitas a los niños, cuando a falta de algo concreto que decirles les soltaban la consabida y ya esperada pregunta: “a quién quieres más, ¿a papá o a mamá?”, que llevaba incluida la respuesta correcta: “a los dos igual”, se vería contestado por la realidad de los hechos. Sánchez no quiere por igual.

Los niños, la primera vez que se veían obligados a dirimir una cuestión tan compleja, se quedaban perplejos, les bloqueaba una enorme desazón porque no estaban preparados para abordar asuntos de semejante calado, y el silencio que se producía cuando intentaban pensar la respuesta provocaba la hilaridad de los mayores. A la criatura se le volvía a repetir la cuestión por si el motivo del silencio fuera falta de comprensión, lo que incrementaba la confusión del infante, que sólo aspiraba a que le dejaran en paz. Sabía que existía una salida honrosa, pero no quería arriesgar. La clave, como luego aprendería, estaba en la inhibición. No se puede querer más a uno que a otro porque se acaba pagando un precio. El centro, ahí está la estabilidad.

En el seno de su partido partido, Sánchez lo tiene crudo porque, aunque reconocido por las bases, los progenitores le tienen por hijo del butanero, y en su condición de niño acogido, no del todo legítimo, se le reclama un comportamiento exquisito, de sumisión, de agradecimiento obligado, ése que se pedía a los niños pobres becados en los colegios de pago. No podían ser faltosos.

Así, el señor Sánchez tiene que escuchar las broncas de sus papás en silencio. También las de sus hermanos que sacan buenas notas en sus circunscripciones granero y que amenazan con quedarse con su cuarto a pesar de ser el primogénito. El niño Sánchez quiere quedar bien con todos, mantenerse a flote y salir indemne. No puede dar un puñetazo en la mesa, como los que daba "el Guerra" en sus tiempos, cuando decidía quién salía y quién no en la foto, y todos se humillaban temblando para mantener el cargo. Aquella generación dejó el puesto pero no el mando: permanece vigilante en la oscuridad. Ahora le dicen al niño Sánchez que los sueños pasados de la socialdemocracia solo fueron una estrategia para evitar que las hordas rojas se hicieran con el cotarro. De la mano de los popes mediáticos que trajeron la democracia a España, como el que trae un reloj de Canarias, a los que debemos estar eternamente agradecidos y besar el anillo cuando se dirijan a la nación, exigen al neófito secretario general, con minúsculas, que cumpla lo que ellos pactaron con los verdaderos amos de España para llegar adonde han llegado, y le prohíben juntarse con malas compañías, esas que creen en lo que ellos predicaban. Botín, que en paz descanse, hablaba maravillas de esa generación de socialistas. Ellos también de él, a pesar de sus cuentas millonarias en paraísos fiscales. Sus motivos tendrían.

Lo del socialismo no iba en serio, coño, Pedrito. Mira a tu alrededor y haz como las “mamas” de las chabolas, que nunca preguntan de dónde ha salido el parné para comprar "ese plasma que viene con su caja y todo…" y dan por bueno que el cobre sale así, en cable, de la mina donde trabaja su marido. Tienes lavaplatos, pues calla.

Sólo una cosita para precisar matices acerca de la heroicidad de los que nos hicieron libres: No estaban allí.

Me resulta sorprendente que nadie matice estas cosas dando por buena su labor en exclusiva de partisanos emboscados que nos trajeron la libertad y la democracia. Los que se comieron el marrón, el talego y las tortura, la inmensa mayoría, fueron otros, otros que tuvieron mucho que ver con la llegada de la libertad y la democracia a este país y que no han sido ni homenajeados, ni retribuidos, ni colocados en el pedestal que ocupan los que aparecieron en su momento, oportunamente, cuando la cosa ya se debatía entre la transición que se pactó o la ruptura. A aquellos que poblaban las cárceles se les puede demonizar porque eran rojos y no luchaban por la democracia verdadera, nos dicen, sino para imponer el comunismo, pero se partieron la cara en la calle.

Nadie va a pedir a esa generación que salvó España de las garras del comunismo que les hagan la ola, no está en su naturaleza el reconocimiento del mérito ajeno, pero que tampoco cuenten milongas.

Vale, que sí, que hicieron autovías y modernizaron el país. Se les ha premiado por ello con muchos años de gobierno, pero eso no les convierte en incuestionables. Si en vez del halo de señoritos cortijeros que ahora portan sin pudor, se remitieran al criterio ético que predicaban cuando se proponían como alternativa al fascio redentor del que veníamos, y que llevó al votante a ponerles en el poder, entenderían que aquello que hicieron formaba parte de su obligación. Esos merecimientos no les dan ningún derecho a salir en tromba en defensa de sus actuales jefes para evitar que se acabe con este sistema de explotación desorbitado. Escuche, señor Sánchez: La tercera parte de los asalariados de este país es mileurista.

Al Capital hay que plantarle cara. Hace falta un gobierno que acabe con la penuria, la miseria, la precariedad en la que han sumido a las familias de los trabajadores de este país. La Seguridad Social arrastra el mismo déficit que el año pasado con 500.000 afiliados más, porque los salarios son tan cutres que no aportan ingresos a las arcas.

Ese es el cambio que hay que abordar. Hay que dar la cara por la ciudadanía, y ese cambio no se va a llevar a cabo de la mano de Ciudadanos, “y lo sabes”, Sánchez, porque, entre otras cosas, están ahí para evitarlo. Ya ve lo que dice Rivera, que hay que incluir al PP en los pactos porque representan a mucha gente. Que sean chorizos, corruptos, cínicos, sin propósito de la enmienda, es lo de menos. Estos de Ciudadanos son así como… demócratas globales. Bueno, en tal caso, Podemos también representa a gente, pero a esos hay que mandarlos al gallinero a pesar de que se adelantaron al rey al proponerle a usted como presidente.

Ya hemos visto que han colocado entre las prioridades, otra vez, la cuestión del déficit que imponen desde Bruselas. Desde allí el Sr. Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, intransigente con el incumplimiento del déficit, nos exige continuar con la política de recortes. Hoy sabemos (yo gracias a Vicenç Navarro) que este señor, socialdemócrata, es el artífice de la conversión de Holanda en un paraíso fiscal donde se han establecido muchas de las grandes compañías que operan en Europa, entre ellas algunas españolas, para evitar pagar lo que les corresponde.

Hace falta un Gobierno que vaya a Bruselas y le diga a este señor: “Gracias a gente como usted, las grandes compañías no pagan en mi país y esto provoca que tengamos que abordar el objetivo del déficit recortando en Educación, Sanidad y demás prestaciones que, para nosotros, son prioritarias. Los trabajadores de España ganan sueldos de miseria. Si no fuera por la trama que usted, como en su día hizo en Luxemburgo su colega Junker, hoy presidente de la Comisión Europea, han creado, una trama de evasión fiscal que provoca ruina en los países del sur, no tendríamos este problema. Han montado un sistema delincuente que ustedes se han encargado de ajustar a la legalidad, con reformas a medida, de modo que lo que nos sustraen a nosotros, llena las arcas de su país. A usted no le importa, ya lo sabemos, pero córtese a la hora de exigir recortes a los ciudadanos que no hacen otra cosa que levantarse a trabajar para dar de comer a su familia, y a los que cada día les hurtan un poco más del salario. Esos son los que le dan a usted de comer”.

Así de sencillo, un zas en toda la boca. La verdad, clara, dura y pura.

Esas son las prioridades y ahí está el respeto al votante. Ya está bien de decir que tiende la mano a izquierda y a derecha como si fuera un repartidor de propaganda a la salida del metro. Además, de momento, sólo la tiende a la derecha, esos que durante la campaña electoral eran fachas disfrazados de demócratas y ahora son... cómo les llama… fuerzas del cambio, o algo así.

Ahora bien, si lo que quiere es hacer carrera en la política no tiene más que fijarse en papá y mamá, y no juntarse con las malas compañías. Tendrá el apoyo de todos los medios de comunicación, radios y televisiones. Le llamarán Hombre de Estado.

Ellos supieron encontrar el camino recóndito que conduce a la cima. Eso sí, a costa de su pueblo, ese pueblo que un día les creyó y hoy sigue aspirando al cambio. Y lo votó.

Deje de poner excusas estúpidas acerca de la educación, las formas, la arrogancia. Deje de inventar líneas rojas. Aquí lo único rojo es la alfombra que le han puesto los medios de comunicación para llevarle al olimpo del dinero.

Esas y no otras son las malas compañías.

¿Quieres opinar?

viernes, 18 de diciembre de 2015

Secesión

Secesión 

Dice un profesor amigo mío que uno de los grandes problemas de este país es que la Historia se enseña mal. Y tiene razón. A los jóvenes se les enfrenta, desde que empiezan su educación, a entender qué pasó en la prehistoria o en la Edad Media antes de contarles lo que sucede hoy, cuando debiera de ser al revés. La Historia tendría, según mi amigo, que empezar a enseñarse desde las noticias actuales y después remontarse atrás para así entender el origen de los conflictos. De esa manera no oiríamos lo de “eso es cosa del pasado”, frase tan habitual como estúpida, cuando uno intenta explicar por qué sucede lo que sucede. Por supuesto que es cosa del pasado, pero es que el pasado es también nuestro presente.

Desde que los Reyes Católicos, esos grandes genocidas, decidieron de común acuerdo con la banca alemana y el eterno Vaticano, aunar las riquezas que proporcionaba el grano de Castilla con el próspero comercio de Aragón y las fértiles vegas de Al-Andalus, en España estalló el asunto, nunca resuelto, de las nacionalidades. Tuvo que venir Pi y Margall a aclarar que el país solo conviviría en paz si se juntase alrededor de una República Federal. Pero ya se sabe lo que pasó. Golpe de Estado y de nuevo la caterva reclamó lo de la unidad patria, que viene a querer decir el control centralizado del poder. Luego vino la Segunda República y lo mismo. Cuarenta años de dictadura y expolio, no solo económico, sino también cultural, prohibiendo las diferentes lenguas y costumbres, acrecentaron el asunto del centralismo anulando a golpe de bofetadas las diferencias existentes entre los pueblos de la península.

Murió el Gran Sapo Iscariote y con su muerte – y la lucha de algunos que ahora parece que no existió – vino esta democracia. Para contentar a unos y a otros, se construyó el Estado de las Autonomías. Para unos fue un reconocimiento a su singularidad y para los otros, los de siempre, ésta quedaba descolorida entre la multitud de comunidades inventadas. La de la Rioja o Madrid, son claros ejemplos del despropósito, igual que la asunción del valenciano como lengua diferente al catalán. 

Y así hemos llegado hasta nuestros días. Se desperdiciaron ocasiones de normalizar la convivencia al rechazar el llamado Plan Ibarretxe con respecto a Euskadi o el Estatut de Autonomía para Catalunya. Se impuso la táctica de dejar pasar el tiempo suponiendo que las aguas se calmarían, pero no ha sido así. Los insultos, boicots y menosprecios al sentimiento de los pueblos han hecho mella en éstos y ahora ya no quieren seguir con el juego.

Sorprende a algunos la unión de fuerzas de izquierda con la derecha nacionalista, pero hagamos pedagogía de nuevo. La derecha catalana, por más que sea derecha al fin y al cabo, cuando la Dictadura, recordemos que estaba perseguida por aquellos cuyos herederos integran el Partido Popular. Así que por más que en el pasado hayan pactado –y no pondría la mano en el fuego que no vuelva a pasar en el futuro, dado que la pela es la pela– pesa más el hartazgo de ver como la pandereta, los toros y las procesiones han vuelto a ocupar un lugar predominante en la dirección del Estado. La prohibición de usar las lenguas cooficiales en el Parlamento, o los debates televisivos en la cadena pública en la que se vierten todas las opiniones excepto la de los partidarios de la independencia, no ayudan mucho. Y que se persiga con más saña la convocatoria de un referéndum, que el despilfarro y el saqueo de lo público, tampoco.

Que hay una mayoría social que no quiere seguir con el rumbo que ha tomado el país, es evidente. En Catalunya, Euskadi o Galicia, por razones históricas, esa negativa tiene el apoyo de su particular nacionalidad. Negar el derecho a decidir sobre la autodeterminación no es sino echar más leña al fuego y sobre todo desviar los esfuerzos y la lucha del verdadero objetivo.

A mí que Catalunya, Euskadi, Andalucía o Murcia quieran separarse del Estado Español me da igual. 

A mí lo que me importa es acabar con el capitalismo. En Catalunya, en Euskadi, en Andalucía, en Murcia y en el mundo entero.

jueves, 29 de octubre de 2015

La gota que colma el vaso

LA GOTA QUE REBASA EL VASO


Son cuatro ya los ejemplos que se pueden ver, a lo largo de la Historia, en los que los nacionalistas catalanes han intentado imponer un Estado propio, fracasando claramente en los tres primeros y con el interrogante de lo que puede suceder en el cuarto.

El primero en 1873, cuando un mes después de declararse la I República, un grupo de independentistas declaró la sustantividad del Estado catalán, deteniendo a las autoridades legales. Fue precisamente un catalán, el jefe del Poder Ejecutivo, Estanislao Figueras, quien tuvo que hacer frente a esta sublevación que duró escasamente unos días. El segundo sucedió en 1931, cuando el mismo día de la proclamación de la II República, Francesc Macià, presidente de Esquerra Republicana, apareció en el balcón de la Generalitat para declarar el Estado catalán, que formaría parte de una Confederación de pueblos ibéricos. El Gobierno provisional de la II República envió urgentemente a Barcelona a tres ministros para que negociasen con Macià. Finalmente consiguieron que se renunciase al Estado catalán, gracias al compromiso del Gobierno de admitir un Estatuto de Autonomía para Cataluña. El tercero fue durante el mes de octubre de 1934, protestando por la entrada de varios ministros de la CEDA en el Gobierno de Alejandro Lerroux, y aprovechando la huelga revolucionaria convocada por los socialistas. En efecto, el entonces Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, volvió a proclamar el Estado catalán, acusando al Gobierno español de fascista. En realidad se trataba de un golpe de Estado de la Generalitat, rompiendo toda relación con el Gobierno central y declarando la guerra al Estado español. Esta provocación comportó el que se asistiese a un enfrentamiento violento entre el Ejército y los independentistas catalanes, junto a los Mossos d’Esquadra. Pocas horas después fueron detenidas todas las autoridades catalanas, restableciéndose la normalidad dentro de las especiales circunstancias del momento.

Finalmente, el cuarto ejemplo es el que hemos presenciado anteayer y ayer por la mañana. El lunes pasado, mientras se disolvían las Cortes españolas en Madrid, en Barcelona se constituía el nuevo Parlament catalán, eligiéndose presidenta a la señora Forcadell que hasta ahora no había sido diputada. En el mismo momento de su discurso, una vez elegida sólo por los nacionalistas catalanes y compañeros de viaje, demostró que desconoce las reglas de todo parlamento democrático, pues quien lo dirige debe hacer gala de una Presidencia que sea de todos y no de un sector concreto de los parlamentarios. Su discurso proclamando la soberanía del pueblo catalán y especificando que se trata de conseguir nuevamente un Estado catalán, lo ratificó enfáticamente con los tres vivas al acabar su perorata, que solamente fueron coreados por una parte del Parlamento. Una presidenta que el mismo día de su elección rompe con este dogma de neutralidad de la democracia parlamentaria no debería continuar en el cargo.

Ahora bien, nadie que haya seguido con interés el largo recorrido de los nacionalistas catalanes, comenzando por el nombramiento del presidente Pujol -que ha engañado a tirios y troyanos y que hoy es ya considerado un presunto delincuente-, no debería sorprenderse de que hayamos llegado a la situación actual. Por supuesto, una gran parte de lo que está ocurriendo en Cataluña, se debe, como ya he dicho en muchos artículos en este periódico, a que ha habido una escalada graduada de los nacionalistas que llevaría hasta la declaración unilateral de independencia. Pero seamos realistas: todo ello no se hubiera podido llevar a cabo sin la permisividad de los Gobiernos de Madrid, porque si se hubiesen tomado las medidas oportunas, que no tenían que ser forzosamente represivas, se hubiese logrado un statu quo que podía haber perdurado bastante tiempo. Ciertamente, como señala John Gray, la política es una sucesión de remedios temporales para males recurrentes. Pero, con todo, no podemos ignorar que se puede llegar a acuerdos duraderos si se logra que las dos partes en conflicto cedan en su posición inicial.

Sea lo que sea, esta pasividad tradicional de los Gobiernos de Madrid, en algunos casos interesada a cambio del apoyo de los partidos nacionalistas, parece que en el caso del actual presidente del Gobierno -más vale tarde que nunca- ha cambiado el rumbo por fin. De esta manera, se aprobó antes de la disolución de las Cortes una reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, que puede ser utilizada para evitar la ruptura de la unidad de nuestro país. Es posible que esta reforma se decidiese ante el temor de que el artículo 155 de la Constitución, copia casi literal del artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn, no se pudiese aplicar por haberse disuelto las Cortes y, más concretamente, el Senado. Sin embargo, en contra de una lectura literal de dicho artículo, en donde se exige que la decisión de suspender, en su caso, una autonomía, deba ser aprobada por la mayoría absoluta de los miembros del Senado, hay que decir que la existencia de su Diputación Permanente permite ejercer esta competencia que es propia del Pleno. En efecto, hay que señalar que la Diputación Permanente dispone de dos funciones concretas. Por una parte, durante los intervalos entre periodos de sesiones, esta institución, como la del Congreso de Diputados, disfruta de la facultad de convocar una reunión extraordinaria del Pleno de la Cámara, así como de la competencia de velar por los poderes de la misma. Y, por otra parte, durante los periodos interlegislativos, dentro de las competencias de velar por los poderes de la Cámara en estos periodos de las Cortes disueltas, se encuentra la facultad, prevista en el mencionado artículo 155.1, de poder adoptar las medidas necesarias cuando una comunidad autónoma no cumpla las obligaciones que le impone la Constitución o atente gravemente contra los intereses generales de España.

En definitiva, es evidente que tras la actuación partidista de la nueva presidenta del Parlament, se están acelerando los hechos, y ayer mañana se presentó una propuesta de Juntos por el Sí y la CUP para señalar que Cataluña se “desengancha” de España para construir el Estado catalán en forma de república y que, en consecuencia, no aplicará en lo sucesivo la legalidad española. A buen seguro, el problema no se halla únicamente en el terreno de la política, o incluso de la legalidad parlamentaria, sino que tiene ya claras connotaciones con el Derecho Penal. Cualquier país democrático no habría permitido que se llegase a este nivel, que sin duda es la gota que rebasa el vaso no solo de la legalidad, sino también de la paciencia que todos los españoles y, en especial, la de los catalanes que se sienten también españoles, como se ha comprobado en las elecciones del 27-S, que son mayoría con respecto a los independentistas. Si nos atenemos a todos los medios con que cuenta el Gobierno catalán para empapar de ideas independentistas a los ciudadanos de Cataluña, sorprende que no hayan alcanzado el triunfo en esas elecciones fraudulentas los favorables a la independencia.

A este respecto, se duda de si todos los sucesos de corrupción a que estamos asistiendo en concreto en Cataluña, han servido o no para impedir que se consiguiese ese objetivo. Digo esto, porque hace una semana, después de la comparecencia del presidente Mas, acompañado de sus cuatrocientos mariachis, ante el Tribunal Superior de Cataluña, una ola de optimismo separatista pareció invadir las calles de Barcelona. Hasta el punto de que La Vanguardia, del antimonárquico Conde de Godó, se permitió algo que hasta ahora era insólito y es que el martes día 20 la mitad de sus páginas aparecieron en catalán. Sin embargo, duró poco la euforia, porque un día después, las aguas volvieron a su cauce y el castellano, o mejor dicho, el español, volvió a imperar en sus páginas, debido probablemente a que el día antes comenzó una investigación sobre los beneficiarios del famoso 3%, que es una plaga que no cesa en Cataluña y que ha infectado a las instituciones del régimen fundado por Pujol.

En cualquier caso, en mi opinión, el presidente Rajoy ha perdido una magnífica ocasión para haber sido mucho más taxativo en su declaración institucional de ayer, pues se limitó a decir, después del documento separatista de Juntos por el Sí y la CUP, que iba a aplicar la Ley. En su caso, lo que tenía que haber dicho es que si se aprueba ese documento por el Parlament, el Gobierno aplicará el artículo 155 de la Constitución. Lo cual, por supuesto, no solo habría servido para embridar a estos paranoicos que quieren llevar a España al precipicio, sino que además le habría proporcionado una lluvia tal de votos en las elecciones de diciembre, que ya será difícil que vuelva a causa de su parsimonia.

Sea lo que fuere, algo que es muy claro y que no parece ver Rajoy, radica en que las próximas Cortes españolas tendrán que pactar una nueva estructura territorial del Estado, porque el nacionalismo catalán no se acabará mañana y alguna justificación puede tener, aunque ya sabemos que cuando alguien pide justicia, lo que quiere es que le den la razón .

viernes, 9 de octubre de 2015

Hstoria del derecho a decidir en Cataluña

Historia y derecho a decidir
Para los secesionistas catalanes la Historia no es erudición, sino un elemento fundamental en su propuesta política. De hecho, es tan básica en su planteamiento como el inexistente "derecho a decidir" que tantos réditos les ha reportado. Si el derecho a decidir es el principio, la substancia; la Historia es el recipiente que lo contiene y da forma. Sin Historia el derecho a decidir se queda en menos que una palabra hueca, quien le dota de contenido político es la Historia.
Para probar lo anterior no tenemos más que reparar en la diferencia que existe entre el derecho a decidir individual y colectivo. Evidentemente, como individuos tenemos el derecho a decidir muchas cosas; por ejemplo, que carrera estudiaremos, cuáles son nuestras aficiones o con quien contraemos matrimonio. Evidentemente, no se trata de derechos que no carezcan de límites; pues uno no podrá estudiar lo que desea es preciso cumplir con los requisitos de admisión en el centro en el que se imparta, para poder llevar a término una afición en ocasiones es necesario adquirir conocimientos u obtener autorizaciones (para ser patrón de un buque de vela, por ejemplo) y para contraer matrimonio con quien se desee es necesario que la persona elegida tenga el mismo deseo.
En el caso de las decisiones que han de tomarse colectivamente junto con los límites anteriores; esto es, aquellos que son externos al sujeto que decide, existe también un condicionante que no se da en las decisiones que se toman individualmente; ese condicionante es la concreción de los individuos que han de concurrir para tomar la decisión de que se trate; y es una concreción que siempre podrá ser objeto de cuestionamiento.
En el caso del derecho a la autodeterminación; esto es, a la creación de un sujeto político soberano a partir de territorio y población integrados en otro sujeto político soberano; dicha concreción de las personas que han de participar en la decisión es fundamental. ¿Pueden autodeterminarse los habitantes de un barrio? ¿Aquellos que disponen de una renta determinada? ¿Quienes profesan una religión, se integran en una etnia diferenciada o hablan cierto idioma? Las respuestas a estas preguntas se encuentran en el Derecho internacional -si de lo que estamos hablando es de la perspectiva jurídica-; pero aquí no me ocuparé de ello porque en el caso catalán es evidente que no se da ninguna de las circunstancias que justificarían el ejercicio de ese derecho a partir de lo que prevé el Derecho internacional público. Lo menciono solamente para indicar que en el derecho a decidir existe un elemento que en el caso catalán se da por sobreentendido y que es que el ámbito de decisión es el territorio de Cataluña o, mejor dicho, los residentes en el territorio de Cataluña. Como digo, este es un sobreentendido que habría que justificar (¿por qué el territorio de Cataluña y no el de todos los denominados "Países Catalanes"? ¿por qué Cataluña y no cualquiera de sus provincias, comarcas o municipios?). Hasta donde yo sé esta justificación esta sin hacer, limitándose a plantearlo como una evidencia en sí misma ("¿negarás que Cataluña es una nación?" se ha dicho en más de una ocasión), una evidencia que partiría de la constatación de que Cataluña ha sido un territorio dotado de autogobierno desde tiempo inmemorial y al que "solamente" en los últimos 300 años se le habría privado de la posibilidad de regirse como nación soberana.
Evidentemente, el planteamiento anterior podría ser objeto ya no de matizaciones, sino directamente de refutaciones; pero no es este el lugar para hacerlo, limitándome a señalar aquí la importancia que para el argumentario político secesionista tiene mantener la ficción de unas instituciones catalanas independientes y con amplios poderes que desde tiempos inmemoriales (si pudiera ser) hubieran configurado una comunidad política diferenciada de las de sus vecinos. Esta historia (conscientemente he pasado a la minúscula) sería la base indispensable para dotar de sentido al vaporoso "derecho a decidir". Sin la historia sería muy fácil refutar el pretendido derecho preguntando simplemente cuál es el grupo llamado a ejercerlo, en definitiva ¿quiénes son los que deciden?




Entre estas instituciones hay una que merece una atención especial: la Generalitat y su presidente. La idea de un gobierno catalán independiente que desde el siglo XIV hasta la actualidad mantiene una línea de continuidad tan solo rota por la "conquista" borbónica tras la Guerra de Sucesión dota de fuste a la reivindicación del derecho a proclamar Cataluña como Estado independiente. Además, contribuye a dotar de legitimidad a las actuaciones del presidente de la Generalitat, quien no es presentado como lo que es, una autoridad del ordenamiento constitucional español con los poderes que establece la Constitución y el Estatuto de Autonomía; sino como el heredero de ese gobierno catalán de raíces medievales; un protopresidente de la República Catalana, en definitiva.
Esto explica la importancia que en la simbología independentista tiene el Presidente de la Generalitat y su lugar en la sucesión de presidentes desde el siglo XIV. Tal como nos recuerda hoy Joaquim Coll en su artículo en "El Periódico", Artur Mas tuvo buen cuidado de indicar durante su reciente viaje a Estados Unidos que era el 129º presidente de la Generalitat. La continuidad desde el medioevo hace la institución, justifica el derecho a la autodeterminación y adelanta lo que sería el Estado independiente.
Pues bien, en el mismo artículo Joaquim Coll nos descubre que según ha mostrado Óscar Uceda, historiador que realiza su tesis doctoral sobre la Guerra de Sucesión, en realidad en el siglo XIV no existía ningún presidente de la Generalitat. Ni en el XIV ni en el XV ni en el XVI ni en el XVII ni en el XVIII. Durante esa época lo que la mitología nacionalista ha dado en llamar "President de la Generalitat" era simplemente el diputado eclesiástico de más edad de la Generalitat (una institución que se limitaba a la recaudación de impuestos, una especie de Agencia Tributaria de la época). El pretendido "President" era simplemente el diputado a quien por razón de antigüedad y procedencia (eclesiástica) le competía una función de preeminencia entre sus colegas. Nada que ver con lo que sería el presidente de una pretendidamente autogobernada Cataluña. A la luz de estas informaciones será más fácil entender por qué todos (o casi todos) los pretendidos presidentes de la Generalitat que figuran en la lista que nos ofrece viquipèdia a partir de la información que facilita la propia Generalitat son eclesiásticos.
Como en tanta otras cosas, la necesidad de crear una adecuada mitología que fundamentara las aspiraciones políticas de ciertos notables catalanes de finales del XIX y principios del XX, hizo que se tomaran elementos de aquí y de allí para construir un pasado acorde con el futuro que se pretendía. Y cuando en 1931 se creó la Generalitat republicana se pretendió que era la restauración de una figura medieval que nada tenía que ver con ella y, para dotar de mayor realce a la figura de su presidente se pretendió que esa autoridad era también recuperación de una figura... inexistente.
De mentira en mentira hasta el engaño final........

miércoles, 7 de octubre de 2015

De mayor quiero ser chulo o putero

De mayor quiero ser chulo o putero

Amnistía Internacional, haciendo honor a su propio nombre, ha decidido amnistiar internacionalmente al putero, al chulo y al traficante de mujeres pidiendo la despenalización absoluta “de todos los aspectos relacionados con el trabajo sexual consensuado". Es decir, que recomendará a los diferentes Estados que, con buen criterio, no castiguen a quienes ejercen la profesión, pero garantizando igualmente la impunidad legal a los implicados en este negocio.

Es una noticia, sin duda, bien acogida por los usuarios y emprendedores del sexo patrio. Nuestra piel de toro está llena de miles de garitos con farolillos rojos y luces de neón que contribuyen honrosamente a mantener viva la llama de la marca España, generando puestos de trabajo que con una acertada regulación pueden procurar una digna y abundante salida laboral: clubes, whisquerías, moteles o simples pisos donde el macho ibérico, producto con denominación de origen de fama internacional, ejerce de proxeneta o consuma su hombría fomentando el empleo y aumentando el poder adquisitivo de la mujer. Españoles comprometidos con el futuro del país que desde 2014 contribuyen ya oficialmente y por arte de magia al descenso del déficit público y al enriquecimiento del país, representando el 0,35% del PIB (3.670 millones de euros) según el Instituto Nacional de Estadística.

Nadie sabe cuántas mujeres ejercen en España la prostitución, ni siquiera los empresarios de los clubes de alterne, pero es un dato conocido que más del 90% son migrantes extranjeras. Si se cumplen las demandas y los pronósticos de AI, podrán tener derechos y garantías laborales. 

Con la legitimidad que aporta la resolución de una prestigiosa ONG internacional, cualquier Wert que ejerza como ministro podrá aprovechar la coyuntura y crear el grado de Ciencias de la Prostitución y un master en Administración de puticlubs. Después de una buena formación, las licenciadas podrán inscribirse en el Ilustre Colegio Oficial de Prostitutas, organismo que quizá consiga el título de real si alguien del Palacio de La Zarzuela accede a ejercer la presidencia honorífica.

Afortunadamente para los regulacionistas, cuando se derrumben los intolerantes muros del puritanismo y el abolicionismo ya nada volverá a ser lo mismo. La democracia avanzará por veredas desconocidas y la mojigatería pasará a la historia. En el parque infantil, podrán interesarse por el futuro de su vecinita:

— Hola bonita, y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

— Yo puta, que es una profesión con gran tradición histórica y con mucha salida.


“Progresistas” o fachas, estatales, autonómicos o locales, los periódicos de este país hacen caja con cientos de anuncios diarios eufemísticamente llamados de “relax” o bajo el epígrafe de ‘Adultos', ocupando los anuncios por palabras junto a coches de segunda mano, pisos en alquiler, adivinos de pacotilla y mercancías variadas: “Furgoneta diesel seminueva con todos los extras”; “Vidente africano, recuperación inmediata de parejas”; “¡¡Ocho muñequitas, belleza y variedad!! 2 veces x 40€”; “Se venden 60 vacas de carne rubia gallega y tres toros”. A pesar de que la Ley General de Publicidad considera ilegales los anuncios que "atenten contra la dignidad de la persona" o "presenten a las mujeres de forma vejatoria", bien por servirse de su cuerpo "como un objeto" o por vincular su imagen a "comportamientos estereotipados".

Con la regulación, los anuncios podrán incluir ofertas directas de empleo: “Se necesitan chicas con buena presencia para mítico Club Huracán. Preferible sin experiencia”. Quién sabe si los programas de prostitución no desplazarán del prime time televisivo a los agobiantes y omnipresentes programas de cocina con un Masterputas o Putas sobre ruedas.

Decenas de miles de mujeres son explotadas sexualmente por un negocio de hombres. No conozco a ninguna mujer que haya podido entrar en un burdel si no es para prostituirse o hacer la limpieza. Le han colgado el cartel de “oficio más antiguo del mundo” para mantener presente que las mujeres somos putas potenciales desde que Eva comió la manzana del pecado. Y, sin embargo, ni la madre de dios hecho hombre se permitió echar libremente un polvo para concebirle. Se tilda la prostitución de oficio obviando que la inherente transacción comercial del cuerpo lo convierte en esclavitud. Está idealizada en la literatura, en el cine, en la música, en la tradición histórica, incluso en la socialización masculina: en el burdel pierden la virginidad o se preparan para ser esposos complacientes en cursos de formación acelerados. En el prostíbulo existe un pacto entre caballeros, una omertá no escrita por la cual el cura, el jefe, el personaje público o el propio padre y su hijo nunca se han visto en el garito cuando están fuera de él. Y la modernidad ha traído el whatsApp para compartir profusamente las imágenes de hembras entre la manada.

En las organizaciones políticas y sindicales de izquierda hay miles de militantes que podrían hacer constar en su currículum: prostitución, nivel usuario. Por eso, en múltiples ocasiones, la regularización es el lavado de cara de las conciencias y los remordimientos, o de la carencia de estos.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

De mayor quiero ser chulo o putero

De mayor quiero ser chulo o putero

Amnistía Internacional, haciendo honor a su propio nombre, ha decidido amnistiar internacionalmente al putero, al chulo y al traficante de mujeres pidiendo la despenalización absoluta “de todos los aspectos relacionados con el trabajo sexual consensuado". Es decir, que recomendará a los diferentes Estados que, con buen criterio, no castiguen a quienes ejercen la profesión, pero garantizando igualmente la impunidad legal a los implicados en este negocio.

Es una noticia, sin duda, bien acogida por los usuarios y emprendedores del sexo patrio. Nuestra piel de toro está llena de miles de garitos con farolillos rojos y luces de neón que contribuyen honrosamente a mantener viva la llama de la marca España, generando puestos de trabajo que con una acertada regulación pueden procurar una digna y abundante salida laboral: clubes, whisquerías, moteles o simples pisos donde el macho ibérico, producto con denominación de origen de fama internacional, ejerce de proxeneta o consuma su hombría fomentando el empleo y aumentando el poder adquisitivo de la mujer. Españoles comprometidos con el futuro del país que desde 2014 contribuyen ya oficialmente y por arte de magia al descenso del déficit público y al enriquecimiento del país, representando el 0,35% del PIB (3.670 millones de euros) según el Instituto Nacional de Estadística.

Nadie sabe cuántas mujeres ejercen en España la prostitución, ni siquiera los empresarios de los clubes de alterne, pero es un dato conocido que más del 90% son migrantes extranjeras. Si se cumplen las demandas y los pronósticos de AI, podrán tener derechos y garantías laborales. 

Con la legitimidad que aporta la resolución de una prestigiosa ONG internacional, cualquier Wert que ejerza como ministro podrá aprovechar la coyuntura y crear el grado de Ciencias de la Prostitución y un master en Administración de puticlubs. Después de una buena formación, las licenciadas podrán inscribirse en el Ilustre Colegio Oficial de Prostitutas, organismo que quizá consiga el título de real si alguien del Palacio de La Zarzuela accede a ejercer la presidencia honorífica.

Afortunadamente para los regulacionistas, cuando se derrumben los intolerantes muros del puritanismo y el abolicionismo ya nada volverá a ser lo mismo. La democracia avanzará por veredas desconocidas y la mojigatería pasará a la historia. En el parque infantil, podrán interesarse por el futuro de su vecinita:

— Hola bonita, y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

— Yo puta, que es una profesión con gran tradición histórica y con mucha salida.


“Progresistas” o fachas, estatales, autonómicos o locales, los periódicos de este país hacen caja con cientos de anuncios diarios eufemísticamente llamados de “relax” o bajo el epígrafe de ‘Adultos', ocupando los anuncios por palabras junto a coches de segunda mano, pisos en alquiler, adivinos de pacotilla y mercancías variadas: “Furgoneta diesel seminueva con todos los extras”; “Vidente africano, recuperación inmediata de parejas”; “¡¡Ocho muñequitas, belleza y variedad!! 2 veces x 40€”; “Se venden 60 vacas de carne rubia gallega y tres toros”. A pesar de que la Ley General de Publicidad considera ilegales los anuncios que "atenten contra la dignidad de la persona" o "presenten a las mujeres de forma vejatoria", bien por servirse de su cuerpo "como un objeto" o por vincular su imagen a "comportamientos estereotipados".

Con la regulación, los anuncios podrán incluir ofertas directas de empleo: “Se necesitan chicas con buena presencia para mítico Club Huracán. Preferible sin experiencia”. Quién sabe si los programas de prostitución no desplazarán del prime time televisivo a los agobiantes y omnipresentes programas de cocina con un Masterputas o Putas sobre ruedas.

Decenas de miles de mujeres son explotadas sexualmente por un negocio de hombres. No conozco a ninguna mujer que haya podido entrar en un burdel si no es para prostituirse o hacer la limpieza. Le han colgado el cartel de “oficio más antiguo del mundo” para mantener presente que las mujeres somos putas potenciales desde que Eva comió la manzana del pecado. Y, sin embargo, ni la madre de dios hecho hombre se permitió echar libremente un polvo para concebirle. Se tilda la prostitución de oficio obviando que la inherente transacción comercial del cuerpo lo convierte en esclavitud. Está idealizada en la literatura, en el cine, en la música, en la tradición histórica, incluso en la socialización masculina: en el burdel pierden la virginidad o se preparan para ser esposos complacientes en cursos de formación acelerados. En el prostíbulo existe un pacto entre caballeros, una omertá no escrita por la cual el cura, el jefe, el personaje público o el propio padre y su hijo nunca se han visto en el garito cuando están fuera de él. Y la modernidad ha traído el whatsApp para compartir profusamente las imágenes de hembras entre la manada.

En las organizaciones políticas y sindicales de izquierda hay miles de militantes que podrían hacer constar en su currículum: prostitución, nivel usuario. Por eso, en múltiples ocasiones, la regularización es el lavado de cara de las conciencias y los remordimientos, o de la carencia de estos.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Espectáculo de la politica

Espectáculo de la politica 
Echemos un vistazo a lo más cercano que vivimos y nos afecta más directamente y a lo que parece más lejano, que nos afecta igualmente. En España tenemos un panorama marcado por las aventuras y locuras identitarias de los independentistas catalanes que sustituyen la solución de los problemas económicos y sociales, creados en gran parte por las políticas neoliberales del gobierno catalán, el de CDC, bien aceptado por ERC, de acuerdo con las del gobierno español y de la UE, por un video-juego peligroso en el que los buenos, los independentistas, nos librarán de los malos, los españoles que, como todo el mundo sabe, nos roban y viven sin trabajar a nuestra costa. Menos mal que en Catalunya no roba nadie, que las mordidas y forunas de los Pujol y unos cuantos más, son una invención de la chusma españolista de Madrid. Y convocan unas elecciones el 27 de septiembre, que califican de plebiscitarias, para conseguir la independencia y solucionar todos los problemas que ellos mismos han contribuido a crear: paro, empleo precario, privatizaciones y reducción de servicios públicos, recortes sociales…etc. A partir de ese futuro paraíso los 800.000 desempleados catalanes tendrán empleo de excelente calidad, con menos horas de trabajo y mejores salarios, en especial para los jóvenes que tienen que emigrar; la educación y la sanidad superarán todos los problemas que han creado las privatizaciones y recortes, de las cuales el gobierno de CDC ha sido el principal responsable adelantándose al resto de España en aplicarlas; habrá viviendas baratas para todo el mundo; de nuevo, algo fundamental, seremos el ejemplo político y cultural para el Mediterráneo y Europa y, como ya dijo alguien hace tiempo, los niños comerán helado cada día. Cuadro idílico como podéis comprobar. Lo esperpéntico es que hay gente que se lo cree.

Y ahora pasemos brevemente a ver qué pasa en toda España, incluida Catalunya. En primer lugar, sobre la realidad catalana, el gobierno del PP no es capaz de ganar con argumentos y propuestas el debate político, dejando al descubierto las mentiras y manipulaciones independentistas. No es capaz de entender que la política española, incluida, o especialmente, la política autonómica, exige una reforma en profundidad a los 37 años de la aprobación de la Constitución. La reforma constitucional debe tener un carácter federal, que partiendo del estado de las autonomías, en el que ya se dan muchos aspectos federales, culmine políticamente en un estado federal que nosotros defenderemos que sea republicano, aprobado en referéndum por el conjunto de los españoles. En segundo lugar, combatir la charca politiquera en que se convierte muchas veces la política, con “el tú más” en vez de “propongo esta medida o política concreta” para solucionar los problemas de paro, precariedad laboral, sanidad y educación progresivamente más privatizadas, más caras y con peores servicios, entre otras cosas a cambiar.

Y en la escena internacional ¿qué tenemos? Lo más trágicamente espectacular por la contemplación en directo del sufrimiento humano de mujeres, niños/as y hombres, huyendo de sus países destruidos por las guerras de carácter fundamentalmente terrorista, fomentadas, propiciadas, impulsadas y armadas por EEUU, la UE, Israel, Arabia Saudí, Qatar, Turquía y cómplices. Millones de personas refugiadas donde pueden huyen de la muerte, el fanatismo y la miseria buscando refugio en la Europa que ha sido corresponsable de su tragedia. Y esta Europa pone alambradas y campos de concentración, decidiendo reunirse el 14 de septiembre, hoy 31 de agosto, para buscar una solución, dicen europea y civilizada. Hablan también de destinar dinero para un programa de desarrollo de los países destruidos por las guerras que, teniendo en cuenta lo que han hecho hasta ahora, poco podemos esperar de él. Ante la actitud de la Europa del capital, el problema para nosotros es ¿qué hacemos los que luchamos o decimos luchar por la Europa de los pueblos? Teniendo en cuenta que los conservadores, liberales, socialdemócratas y hasta sectores de los verdes han apoyado y apoyan las intervenciones militares llamadas democráticas y de defensa de los derechos humanos en Iraq, Libia y Siria ahora mismo, con las consecuencias conocidas, sólo queda la alternativa de la izquierda real europea para intentar actuar política, social y culturalmente para que el panorama europeo sea verdaderamente democrático y de defensa de los derechos humanos y se recuperen los principios y valores de la justicia, la solidaridad y el internacionalismo. Europa tiene que acoger a todos los refugiados que llegan mientras subsista la situación de violencia en sus países de origen; Europa debe acabar de inmediato con las guerras que ha contribuido a encender; Europa debe aprobar un programa de desarrollo económico y social para los países destruidos por la violencia y empobrecidos por el saqueo, con un fondo inicial de 200.000 millones de euros.

JUSTICIA PARA LOS REFUGIADOS Y EMIGRANTES QUE HUYEN DE LA MUERTE, LAS GUERRAS Y EL HAMBRE.

La historia se repite

La historia se repite(1982)

Asistimos a un fenómeno parecido al de 1982, que podríamos caracterizar, con precaución por las diferencias entre entonces y ahora, como de “final de época”. Un fenómeno que es producto en gran parte pero no exclusivamente de los cambios sociales y políticos pero que tiene, además, como entonces, un fuerte componente de intervención directa de las fuerzas económicas dominantes que, encharcadas en la crisis financiera y económica del sistema que defienden, cuando ven que se tambalea un panorama afín a sus intereses buscan el recambio para crear otro. Y lo hacen en un momento en que, a diferencia de 1982, gran parte de la información y propaganda es difundida masivamente por las redes sociales. En 1982 se buscó recambio a UCD y se abrió paso al nuevo PP, por un lado, y se marginó al PCE de cualquier acercamiento importante al poder económico real, potenciando al PSOE de Felipe González, recién purgado de cualquier veleidad de izquierdas con la supresión del término marxista como gesto de aceptación del sistema. Los dos polos del bipartidismo necesario a los intereses del capital, el duro y el progre, se consolidaron en un largo proceso. Ahora, ante las consecuencias sociales de la crisis para millones de personas que habían sido captadas o neutralizadas por el consumismo, que asisten a la espectacular explosión de una corrupción generalizada que afecta a los dos partidos del bipartidismo y a sus socios ambivalentes, tipo CiU, degradando el concepto de política, el régimen dominante busca los recambios en prevención del futuro. Y nace Podemos por el lado progre y Ciudadanos, catapultado desde Catalunya a toda España, por el “centro derecha”. Se trata fundamentalmente de evitar cualquier amago revolucionario callejero y reconducir el bipartidismo a una realidad más compleja desarrollada con la situación generada en los últimos años: más de 5 millones de parados, afectando por encima del 50% a los más jóvenes, muchos de los cuales emigran, y expulsando del mercado de trabajo a los mayores de 45 años, trabajo cada vez más masivamente precario, a horas y, en muchos casos, sin salario, desahucios, recortes sociales, corrupción, más gasto militar y participación en guerras.

Las fuerzas dominantes, las que sin presentarse a las elecciones mandan desde las finanzas, las bolsas o los fondos de inversión, utilizan a fondo los medios de información y propaganda, todos en sus manos, para controlar y reconducir la nueva realidad. Si antes el PSOE se convirtió en la “casa común” de la izquierda, ahora es Podemos, inducido por las circunstancias y voluntariamente quien, en el más puro estilo felipista, no plantea la unidad de una izquierda plural, sino, simplemente, la absorción de ésta en la “casa común” de Podemos. Si entonces, Felipe González tranquilizó y se subordinó a las fuerzas conservadoras y social demócratas dominantes en Europa y a los EEUU de forma expresa, ahora Pablo Iglesias visita los EEUU, sus instituciones y se hace una interesante y cordial foto con el embajador del imperio, James Costos, en Madrid. Gestos parecidos en ambos casos para que no haya dudas sobre la aceptación del sistema y no su subversión. No extrañen pues el manejo de categoría políticas “ni de izquierdas ni de derechas”.

Y nosotros, ¿qué? Pues si en 1982 fue el “Juntos podemos”, de tan aciago resultado, ahora es una especie de subordinación caótica a la realidad política surgida hace un año sin tan siquiera tener un poco de paciencia y temple político y esperar a que se desarrolle una situación no consolidada, sin hacer caso a las previsiones apocalípticas de unos y a las deslealtades notorias de otros. Los y las que defendemos todavía una alternativa real a lo existente, unitaria, convergente y plural, pero no la liquidación de un proyecto más vigente que nunca, no nos podemos dejar engullir por el agujero negro que el capitalismo siempre impulsa y utiliza para reconstruir su erosionado dominio. Si Podemos y otros quieren unidad para derrotar al PP y acabar realmente, no de boquilla, con el bipartidismo, somos los campeones de la unidad: una coalición y un programa político claro, sencillo y concreto y el compromiso de defenderlo colectivamente en las instituciones y en la calle, sin que nadie tenga que disolverse. Esto es lo que debe hacerse sin sentirse acuciado por los tiempos electorales y teniendo perspectiva. El futuro decidirá los nuevos pasos a dar. Lo demás es subordinación a una concepción superficialmente instrumental de la política, que no debería inspirar ninguna confianza y que sólo sirve para nuestro enfrentamiento.

domingo, 21 de junio de 2015

La profecías

Las profecías


A mediados de la década de los setenta y tras el informe titulado Los límites del crecimiento (1972), que a propuesta del Club de Roma redactó Donella Meadows, la citada organización abrió un debate sobre las perspectivas de futuro tanto en el crecimiento económico como en el ejercicio de la política. Las conclusiones pueden sintetizarse en los tres ejes de cambio que, a juicio de los intervinientes, debían informar la acción política presidida por la racionalidad y la modernidad. Estos eran:

1. Nuevas visiones.
2. Creación de redes sociales y culturales.
3. La verdad en el discurso político.

La ecología política y sus distintas concreciones orgánicas y políticas ha sido la heredera de aquella primitiva propuesta que hoy en día, con el debate acerca del crecimiento cero y otras concepciones ligadas a nuevos enfoques energéticos y visiones sobre la calidad de vida, está presente en cualquier propuesta que se precie mínimamente de intentar superar el capitalismo.

La creación de redes ha tenido su verificación en los nuevos mecanismos de relación e interconexión entre sujetos y colectivos con vocación de alternativa al sistema. La red y las enormes posibilidades de crear espacios para construir situaciones de identificación y conjunción de voluntades organizadas, es una prueba más de lo que el Club de Roma postulaba.

Sin embargo la cuestión de la verdad en el discurso político es algo que hoy en día está muy lejos de ser abordada en esta sociedad de sobreinformación y anecdotario frivolizado. No se trata sólo de que el discurso político contenga datos, informaciones y reflexiones que estén totalmente informados por la veracidad de los hechos y la correcta adecuación de los mismos a la constatación empírica diaria, sino de algo más allá. Si cualquier discurso político se limita a reflexionar sobre hechos que son sobradamente conocidos, estamos ante un ejercicio de comunicación que pretende un nivel de concienciación en la audiencia. Y esto que es básico e insoslayable, dista todavía de lo que quiero decir al desarrollar la propuesta del Club de Roma.

Llamo discurso profético a aquél que desde los hechos incuestionables y comprobados en la cotidianeidad, produce en la audiencia la necesidad de que la propuesta derivada del análisis se asuma como razonable y deseable El discurso profético no es otra cosa que el desarrollo a nivel de masas de la Tesis 11 de Marx contra Feuerbach. El discurso profético produce -como Spinoza decía del profeta- su propio pueblo.

El discurso profético, hoy en día, no es otra cosa que evidencia de la necesidad de cambiar el orden inexistente por injusto y dañino para la especie humana y la del planeta. Es una enmienda a la totalidad que se presenta como proyecto de “fantasía concreta” y necesaria para galvanizar las energías de un pueblo en aras de su liberación, como diría Gramsci. El discurso profético es el propio de los momentos de crisis sistémica y aún de civilización. Implica cambios en la economía, en la saciedad, en la cultura, en los valores y hasta en lo personal.


jueves, 21 de mayo de 2015

Antes de ir votar

Antes de la Riada

No soy objetivo ni lo pretendí nunca. Mis artículos están en la sección de opinión. Cuando alguien, lo que ocurre con frecuencia, me dice que no soy neutral, que mis opiniones están escoradas a la izquierda, siempre pienso que estoy delante de un imbécil. También sé que si se lo digo le voy a dar el detonador que esperaba para contarme su vida y, sobre todo, lo que piensa de mí. 

Llevo aquí sesenta años recién cumplidos y conozco muy bien el esquema de funcionamiento de la mente facha basado en la amoralidad, en la total falta de empatía y en la creencia de que los privilegios que ostenta la clase dirigente y las desigualdades sociales no son producto de un sistema injusto, sino un designio divino que premia al pueblo elegido y le da, como en el Antiguo Testamento, poder para pisotear al de abajo, la chusma insolente que algún día creyó que los eslóganes de campaña o los artículos de esa Constitución, tan hermética e intocable como protocolaria, eran de obligado cumplimiento.

Esa mentalidad está fielmente ejemplarizada en el líder indiscutible de la nueva derecha, don José María Aznar, al que sacan de vez en cuando del cuarto de banderas para que ilumine las mentes de los seguidores de la España eterna. Después de escucharle este fin de semana en un mitin de campaña, un dirigente madrileño del PP afirmaba: “¡Es que te vas a comer con más ganas!”. Claro, escuchar a Aznar y recuperar la sensación de privilegio eterno del que disfruta la élite es todo uno. Lo malo es que se comen España, es tanto el amor que la tienen que se la zampan sin contemplaciones dejando el hueso pelado y listo para hacer un buen caldo, que es la parte que le toca al pueblo soberano.

Es inútil intentar razonar, exponer datos, revisar la hemeroteca, porque obviamos los designios de la Providencia. Para ellos, tener que dar explicaciones es un acto de condescendencia, rebajarse. 

En esa intervención de este fin de semana, el gran líder de la derecha española retaba a los presentes a que exhibieran una sola ocasión en la que la candidata a la Alcaldía de Madrid por su partido, Esperanza Aguirre, hubiera insultado a alguno de sus rivales. De poco sirve argumentar que “hijo de puta” es para muchos de nosotros un insulto, improperio que dedicó Esperanza, la dueña de Pecas, tanto a un compañero de partido en la lucha que llevaban para hacerse con el control de Caja Madrid, como al concejal que se presentó en su despacho en la sede de Génova para denunciar la existencia de la trama Gürtel, trama que sin recato alguno afirma haber descubierto ella. 

Yo estoy de acuerdo en que debe ser así, la descubriría antes que nadie, porque delante de sus narices se firmaron decenas de contratos por la vía del chanchullo y todos pillaban su cacho, menos ella. O no se enteraba, o la tomaban por tonta, con lo que se ahorraban su parte del botín, pero en ambos caso el diagnóstico es el mismo. Yo creo que sí se enteraba, de ahí pilló el resabio de huir de la policía cuando te echa el alto, no creo que llevara un alijo en el maletero.

El problema es que cuando comentó el latrocinio colectivo que llevaban adelante sus compañeros, la trama ya estaba en boca de todo el mundo, también en los papeles que instruía el juez Garzón, caso que le costó una inhabilitación que no es más que un aviso de navegantes por si a algún otro juez se le ocurre meter las narices donde no le llaman. Pero, sin duda, más que estos cariñosos apelativos dedicados a sus colegas, el insulto más reiterado, y que sólo puede ser producto de una amoralidad patológica, es el que dedica a la inteligencia de los ciudadanos en la mayoría de sus intervenciones públicas. En esa onda, con la que tiene en casa, no se le ocurre otra cosa que cuestionar a su rival Carmena por las actividades empresariales de su marido. Ya sabemos que cuando este tipo de argumentos se hacen contra ellos se califican de machismo porque, como en el célebre caso de Ana Mato, ninguna mujer debe ser responsable de las fechorías que cometa su marido, aunque estén en régimen de gananciales y lo que “sirle el baranda se lo pula la colega”. 

Claro que, desde la óptica de la derecha tiene su sentido porque al marido, el cabeza de familia, no se le debe preguntar de dónde saca el parné, no sea que se moleste, dé un portazo, y se tire varios días sin aparecer por casa.

Todos los días vienen vírgenes al mundo, del mismo modo que van al matrimonio. Por las noches se les aparece el ángel de la guarda en sueños y les hace un delete cerebral de fechorías y malas prácticas, evitándoles así la pesada carga de la acumulación de daño infligido. Esa absolución endocrina les permite exhibirse en sus mítines como el paradigma de la honradez, salvo por alguna cosilla sin importancia, o como regeneradores, último bastión y salvaguarda de la democracia, mientras promulgan leyes represivas que aniquilan la esencia del Sistema.

Los artífices del milagro económico español que nos ha traído hasta aquí siguen intactos, incólumes, saludables, inmaculados y listos para salvar de nuevo a España de posibles aventuras extravagantes que conducirían nuestra patria por los procelosos mares del totalitarismo bolchevique. Ya dijo la condesa antisistema que si ganaban los de Podemos, estas serían las últimas elecciones que tendríamos en libertad. Para ellos la libertad consiste en la anulación del Estado, en la abolición de los controles administrativos, en la aniquilación del intervencionismo regulador de las operaciones especulativas. Para ellos la libertad es el derecho incuestionable de la élite a entrar a saco en el patrimonio público para convertirlo en activos de las empresas que, gustosamente, se prestan a mejorar la economía, a colaborar con la Administración para poner a su nombre lo que antes era de todos.

Para ellos la libertad es el derecho a seguir bailando zapateaos sobre las fosas comunes.

Un grupo de corresponsales extranjeros manifestaba el otro día su sorpresa por que en España no hubieran surgido, como en otros países de la UE, partidos xenófobos, de extrema derecha. Aquí es difícil que cuajen esas formaciones porque no tienen espacio. Ese espectro está perfectamente cubierto por los que ya nos gobiernan, lo saben ellos y los que les votan. En la España de las montañas nevadas, nunca dejó de amanecer. De ahí el fracaso de Vox.

Una puntualización casi innecesaria: creo que se usa el término xenofobia, odio al extranjero, interesadamente, para no interferir con las conductas a las que obliga la religión que dicen practicar, porque no tienen nada contra los extranjeros rubios, de buen ver y con cuentas corrientes saneadas. Es contra los pobres contra los que va la cosa. Tenemos que hablar de “aporofobia”. Es a los pobres a los que no dejan atravesar las fronteras. Son los pobres los que remueven su sistema nervioso involuntario provocándoles la náusea.

Bien, ya he dicho que muy neutral, muy neutral, no soy. Yo tengo otros reflejos condicionados y, a mí, la náusea me la provocan ellos, qué le vamos a hacer si yo nací en el Mediterráneo. Bueno, en la Meseta, pero me eduqué en la fobia a la injusticia y a la crueldad con el indefenso. En la rabia contra los señoritos que se ríen “del tonto del pueblo”, del servicio, del empleado. También con la edad ha ido creciendo mi desprecio a los que les amparan, les cobijan y encubren desde los medios de comunicación, y los que se engañan con argumentos estúpidos para encumbrarles con su voto. A ellos les debemos seguir pagando, a costa de nuestra salud y nuestra educación, sus devaneos delincuentes. 

Haremos cola para meter nuestra papeleta en la urna que, gracias a sus incondicionales, a sus votantes, es como decir nuestra moneda en su hucha.

Bienvenidos a la Fiesta de la Democracia, que no es una fiesta, es un fiestón, es una orgía.