viernes, 7 de diciembre de 2012

Su modelo de sociedad

Su modelo de         
En el último año hemos visto todo tipo de mareas y otras protestas sociales alzar su voz en nuestras calles, llenando éstas de gritos contra los recortes y contra el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos. Abogados, médicos, profesores, bomberos, estudiantes, funcionarios… prácticamente todos los sectores de la población están en pie de guerra. ¿No es todo esto acaso el mejor símbolo de la ruptura social que estamos presenciando?

El desempleo asuela nuestra economía hasta el punto de que ya hemos superado las estimaciones más dramáticas que se hacían al respecto hace apenas unos años. Más del 25% de la población que quiere trabajar no puede hacerlo en el marco del sistema económico actual. El motivo es fácil de dilucidar: nuestra economía no encuentra espacios de rentabilidad que incentiven la inversión de capital, lo que lleva a que nuestra precaria situación se estanque en el tiempo. Sin inversión no hay creación de empleo, y sin creación de empleo se suceden de forma natural los estallidos sociales.

Hasta ahora el capitalismo español había vivido de un modelo de crecimiento muy frágil basado en la burbuja inmobiliaria y en el endeudamiento, todo lo cual había permitido el llamado milagro español que tanta rentabilidad electoral dio a los dos grandes partidos que se alternaron en el poder político. Pero ya desaparecido este modelo no nos queda hoy sino una estructura productiva desindustrializada y la herencia de un reguero de deudas privadas que los gobiernos tratan de socializar, injustamente, como pueden.

Así las cosas, y dado que el capitalismo necesita encontrar espacios de rentabilidad para sobrevivir, las instituciones supranacionales nos invitan a empobrecernos para poder ser competitivos por la vía de los bajos salarios. Nos exigen deshacernos progresivamente de la sanidad, de la educación y de tantos otros servicios públicos. Pero sobre todo nos imponen reformas del mercado de trabajo que atacan al corazón de la negociación salarial, buscando de esa forma deprimir los salarios. Es la estrategia de la devaluación interna, que pretende corregir los desequilibrios comerciales del interior de la Unión Europa por la vía del empobrecimiento de los países del Sur. Es decir, lo que se pretende es hacer suficientemente baratas las exportaciones de países como Portugal, Grecia y España. El economista Stockhammer ha estimado que ese objetivo requiere una devaluación de hasta el 45% del PIB para esos países, lo que sería un retroceso económico superior al de la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX.

Claro que esa estrategia de reformulación del modelo de crecimiento requiere la reformulación misma del modelo de sociedad. Requiere, en última instancia, cambiar la naturaleza de la economía misma tal y como se ha entendido en las últimas décadas. Al fin y al cabo hablamos de arrasar las conquistas sociales alcanzadas tras décadas de lucha social en todas partes de Europa. Y dado que no es un propósito fácil de alcanzar en términos sociales, pues la ciudadanía responde a través de cada vez mayor acción política, los gobiernos blindan el cambio social a través de dos tácticas específicas.

La primera, la represión policial que acompaña a cualquier proceso de cambio autoritario. La violencia policial vista en las manifestaciones más recientes no es sino el reflejo de la impotencia del Gobierno para convencer, pero a la vez su represión administrativa también trata de funcionar como desincentivo de la protesta social. Buscan convertir la frustración en resignación, esperando de esa forma que los ciudadanos se adapten a su nuevo rol en la economía.

En segundo lugar, están adaptando las instituciones al nuevo orden social que se está construyendo. Para ese nuevo modelo de sociedad ya no es suficiente una Constitución, que por otra parte ya se ignoraba ampliamente, sino que se hace necesario subordinarla a otras instituciones que no están al alcance de la ciudadanía. Así, la Unión Europea, y particularmente la Troika, se ha convertido en un marco institucional perfectamente adecuado para imponer y enmarcar los cambios radicales en el modelo de sociedad.

En definitiva, no nos engañemos, están cambiando el modelo de sociedad para poder instaurar un nuevo modelo de crecimiento que permita al capitalismo sobrevivir. De hecho nos dicen que toda esta transformación social es inevitable. Y en realidad no les falta razón, siempre y cuando hayamos aceptado que el objetivo no sea otro que mantener con vida este sistema criminal e irracional. La cuestión clave es si de verdad nos interesa convertirnos en esclavos de ese capitalismo en coma o si ya es hora de romper la baraja y reformular la economía a partir de otros principios y objetivos bien diferentes.

Los sueños y ilusiones

Tener un hijo,y plantar un árbol y escribir un libro es fácil,lo difícil es criar un hijo,regar el árbol y que alguien lea el libro.

Dos ministro inutiles

Por una vez, al desmañado y titubeante Rajoy le toca ser enérgico y negarse a aceptar ni un solo recorte más. Los hechos están demostrando que la política restrictiva que se nos ha impuesto no está dando resultados. Donde antes crecían brotes verdes fruto de aquél delirio por el que tanto se le censuró a Zapatero, ahora crecen ortigas traidoras que inoculan su molesto y urticante veneno a unos pobre contribuyentes que no hacen más que recibir un palo tras otro.

Aunque la reticencia del presidente Rajoy a pedir el rescate económico a Europa no responda a una estrategia meditada y sea mas bien la consecuencia de su proclividad a que las cosas se arreglen por si solas, puede que don Mariano Rajoy acierte esta vez con su decisión de no mover ficha. Pero su acierto sería más completo si además hiciera algo tan simple como unificar los ministerios de Hacienda y Economía habida cuenta de lo inútil que es mantener dos carteras con sendos ministros completamente quemados, sin capacidad para comunicarse entre ellos y lanzando a diestro y siniestro continuos mensajes opuestos y contradictorios.

Gabinete de expertos anticrisis

Esta medida de remodelación no debería contemplarse como un mecanismo de ahorro sino como un primer paso para un cambio de rumbo al que debería seguir una convocatoria urgente de todos los partidos parlamentarios para crear un 'comité excepcional de crisis' que a su vez encomendara a un ‘gabinete de expertos’ la gestión de la economía del país.

No sería necesario que el PP dejara de gobernar. Mas bien al contrario, le corresponde a Rajoy seguir como responsable de la nave que ahora zozobra después de haber obtenido el cargo de capitán con tanto esfuerzo (a la tercera va la vencida) y con promesas sin fundamento de las que aun no ha cumplido ninguna, al menos ninguna trascendente.

Cese inmediato de Montoro y De Guindos

No es un gobierno de tecnócratas lo que aquí se propone, ni tampoco un cambio de gobierno, sino solo el cese de los señores Montoro y De Guindos por su manifiesta ineptitud para gestionar una empresa en déficit llamada España, y al mismo tiempo, su sustitución por un comité de expertos en economía que no rindan pleitesía a los intereses de ningún partido ni grupo de presión y que aporten un curriculum demostrable que les avale.

Cambiar recortes por crecimiento

La política restrictiva para atajar la crisis está siendo ineficaz. No hay mas que evaluar lo ocurrido en Grecia y Portugal después de que allí se haya aplicado. Tanto es así que, por lógica, se impone aplicar una política de crecimiento siendo que las tijeras no tienen ya donde recortar.

Por la cuenta que les trae a las economías europeas del norte y siendo que el volumen de producto interior de nuestro país es muy superior al de Portugal o de Grecia, ni a Alemania ni a nadie en toda Europa le conviene que España se hunda. Tanto es así que, por pura lógica, deberán acceder a nuestra exigencia de no querer (por no poder) soportar su directrices restrictivas.

Estamos al borde del un caos social

Nos encontramos al borde de un caos social. Los ciudadanos han soportado hasta el límite de sus posibilidades las consecuencias de la crisis en forma de severos castigos plasmados en impuestos y recortes, tanto salariales como de bienestar.

Y mientras tanto, se ha producido la indignante y absurda paradoja de que la venta de artículos de lujo ha subido como la espuma y la gran banca no ha dejado de declarar beneficios tras la debacle de 2008.

Sin duda, algo se debe estar haciendo mal, y el gobierno tendría que dejar de sanear las entidades financieras y desviar esa ayuda (a expensas de un dinero que solo es de los ciudadanos) a las empresas unipersonales, a las pequeñas empresas, a los asalariados que sufren recortes salvajes que hundirán el poder adquisitivo y el consumo y que están provocando el cierre en cadena de las pequeñas empresas y los pequeños comercios que aun subsisten.

Recortes ‘versus’ crecimiento

El dilema de la clase política se dirime entre la opción de los recortes o la del crecimiento. Las pequeñas empresas se están yendo al garete al no poder obtener créditos de unos bancos a los que el Estado mima con más miedo que devoción. Tampoco obtienen crédito de los proveedores porque están en su misma situación en una cadena de despropósitos que tiene como eslabón final los despidos laborales, el deterioro del estado de bienestar y el progresivo empobrecimiento de la población.

Los ministerios responsables de la economía se muestran tan incapaces de aportar soluciones, que se hace necesaria un consenso plasmado en una 'comisión excepcional de crisis' y un ‘gabinete de expertos’ que tome las riendas de la gestión económica del país antes de que nos sea impuesta.

De momento, habría que olvidarse de las urnas

Es momento de que los políticos piensen en el bienestar de la población antes que en el suyo propio y antes que en las urnas.

Estamos necesitados de verdaderos expertos (llámense tecnócratas o como cualquiera los quiera denominar) capaces de adoptar medidas y aportar soluciones tal cual se hace cuando una empresa llega a una situación de grave déficit como la que atravesamos.

El pesimismo se ha instalando en el subconsciente de los sufridos contribuyentes y la falta de ilusión que genera el desempleo y la pobreza es ya un hecho más que una amenaza. La resignación de los ciudadanos está al borde de un limite que muchos querrán aprovechar para soliviantar a las masas desde distintos sectores ideológicos con imprevisibles consecuencias. Y aun estamos a tiempo de impedirlo.

Como no hace mucho escribía: “Si somos millones y ellos apenas miles, si somos más decentes y aun nos ampara la fuerza de la razón, ¿Porque tenerles miedo y permitir que nos sigan controlando”

Por una vez, al desmañado y titubeante Rajoy le toca ser enérgico y negarse a aceptar ni un solo recorte más. Los hechos están demostrando que la política restrictiva que se nos ha impuesto no está dando resultados. Donde antes crecían brotes verdes fruto de aquél delirio por el que tanto se le censuró a Zapatero, ahora crecen ortigas traidoras que inoculan su molesto y urticante veneno a unos pobre contribuyentes que no hacen más que recibir un palo tras otro.

Aunque la reticencia del presidente Rajoy a pedir el rescate económico a Europa no responda a una estrategia meditada y sea mas bien la consecuencia de su proclividad a que las cosas se arreglen por si solas, puede que don Mariano Rajoy acierte esta vez con su decisión de no mover ficha. Pero su acierto sería más completo si además hiciera algo tan simple como unificar los ministerios de Hacienda y Economía habida cuenta de lo inútil que es mantener dos carteras con sendos ministros completamente quemados, sin capacidad para comunicarse entre ellos y lanzando a diestro y siniestro continuos mensajes opuestos y contradictorios.

Gabinete de expertos anticrisis

Esta medida de remodelación no debería contemplarse como un mecanismo de ahorro sino como un primer paso para un cambio de rumbo al que debería seguir una convocatoria urgente de todos los partidos parlamentarios para crear un 'comité excepcional de crisis' que a su vez encomendara a un ‘gabinete de expertos’ la gestión de la economía del país.

No sería necesario que el PP dejara de gobernar. Mas bien al contrario, le corresponde a Rajoy seguir como responsable de la nave que ahora zozobra después de haber obtenido el cargo de capitán con tanto esfuerzo (a la tercera va la vencida) y con promesas sin fundamento de las que aun no ha cumplido ninguna, al menos ninguna trascendente.

Cese inmediato de Montoro y De Guindos

No es un gobierno de tecnócratas lo que aquí se propone, ni tampoco un cambio de gobierno, sino solo el cese de los señores Montoro y De Guindos por su manifiesta ineptitud para gestionar una empresa en déficit llamada España, y al mismo tiempo, su sustitución por un comité de expertos en economía que no rindan pleitesía a los intereses de ningún partido ni grupo de presión y que aporten un curriculum demostrable que les avale.

Cambiar recortes por crecimiento

La política restrictiva para atajar la crisis está siendo ineficaz. No hay mas que evaluar lo ocurrido en Grecia y Portugal después de que allí se haya aplicado. Tanto es así que, por lógica, se impone aplicar una política de crecimiento siendo que las tijeras no tienen ya donde recortar.

Por la cuenta que les trae a las economías europeas del norte y siendo que el volumen de producto interior de nuestro país es muy superior al de Portugal o de Grecia, ni a Alemania ni a nadie en toda Europa le conviene que España se hunda. Tanto es así que, por pura lógica, deberán acceder a nuestra exigencia de no querer (por no poder) soportar su directrices restrictivas.

Estamos al borde del un caos social

Nos encontramos al borde de un caos social. Los ciudadanos han soportado hasta el límite de sus posibilidades las consecuencias de la crisis en forma de severos castigos plasmados en impuestos y recortes, tanto salariales como de bienestar.

Y mientras tanto, se ha producido la indignante y absurda paradoja de que la venta de artículos de lujo ha subido como la espuma y la gran banca no ha dejado de declarar beneficios tras la debacle de 2008.

Sin duda, algo se debe estar haciendo mal, y el gobierno tendría que dejar de sanear las entidades financieras y desviar esa ayuda (a expensas de un dinero que solo es de los ciudadanos) a las empresas unipersonales, a las pequeñas empresas, a los asalariados que sufren recortes salvajes que hundirán el poder adquisitivo y el consumo y que están provocando el cierre en cadena de las pequeñas empresas y los pequeños comercios que aun subsisten.

Recortes ‘versus’ crecimiento

El dilema de la clase política se dirime entre la opción de los recortes o la del crecimiento. Las pequeñas empresas se están yendo al garete al no poder obtener créditos de unos bancos a los que el Estado mima con más miedo que devoción. Tampoco obtienen crédito de los proveedores porque están en su misma situación en una cadena de despropósitos que tiene como eslabón final los despidos laborales, el deterioro del estado de bienestar y el progresivo empobrecimiento de la población.

Los ministerios responsables de la economía se muestran tan incapaces de aportar soluciones, que se hace necesaria un consenso plasmado en una 'comisión excepcional de crisis' y un ‘gabinete de expertos’ que tome las riendas de la gestión económica del país antes de que nos sea impuesta.

De momento, habría que olvidarse de las urnas

Es momento de que los políticos piensen en el bienestar de la población antes que en el suyo propio y antes que en las urnas.

Estamos necesitados de verdaderos expertos (llámense tecnócratas o como cualquiera los quiera denominar) capaces de adoptar medidas y aportar soluciones tal cual se hace cuando una empresa llega a una situación de grave déficit como la que atravesamos.

El pesimismo se ha instalando en el subconsciente de los sufridos contribuyentes y la falta de ilusión que genera el desempleo y la pobreza es ya un hecho más que una amenaza. La resignación de los ciudadanos está al borde de un limite que muchos querrán aprovechar para soliviantar a las masas desde distintos sectores ideológicos con imprevisibles consecuencias. Y aun estamos a tiempo de impedirlo.

Como no hace mucho escribía: “Si somos millones y ellos apenas miles, si somos más decentes y aun nos ampara la fuerza de la razón, ¿Porque tenerles miedo y permitir que nos sigan controlando”

Por una vez, al desmañado y titubeante Rajoy le toca ser enérgico y negarse a aceptar ni un solo recorte más. Los hechos están demostrando que la política restrictiva que se nos ha impuesto no está dando resultados. Donde antes crecían brotes verdes fruto de aquél delirio por el que tanto se le censuró a Zapatero, ahora crecen ortigas traidoras que inoculan su molesto y urticante veneno a unos pobre contribuyentes que no hacen más que recibir un palo tras otro.

Aunque la reticencia del presidente Rajoy a pedir el rescate económico a Europa no responda a una estrategia meditada y sea mas bien la consecuencia de su proclividad a que las cosas se arreglen por si solas, puede que don Mariano Rajoy acierte esta vez con su decisión de no mover ficha. Pero su acierto sería más completo si además hiciera algo tan simple como unificar los ministerios de Hacienda y Economía habida cuenta de lo inútil que es mantener dos carteras con sendos ministros completamente quemados, sin capacidad para comunicarse entre ellos y lanzando a diestro y siniestro continuos mensajes opuestos y contradictorios.

Gabinete de expertos anticrisis

Esta medida de remodelación no debería contemplarse como un mecanismo de ahorro sino como un primer paso para un cambio de rumbo al que debería seguir una convocatoria urgente de todos los partidos parlamentarios para crear un 'comité excepcional de crisis' que a su vez encomendara a un ‘gabinete de expertos’ la gestión de la economía del país.

No sería necesario que el PP dejara de gobernar. Mas bien al contrario, le corresponde a Rajoy seguir como responsable de la nave que ahora zozobra después de haber obtenido el cargo de capitán con tanto esfuerzo (a la tercera va la vencida) y con promesas sin fundamento de las que aun no ha cumplido ninguna, al menos ninguna trascendente.

Cese inmediato de Montoro y De Guindos

No es un gobierno de tecnócratas lo que aquí se propone, ni tampoco un cambio de gobierno, sino solo el cese de los señores Montoro y De Guindos por su manifiesta ineptitud para gestionar una empresa en déficit llamada España, y al mismo tiempo, su sustitución por un comité de expertos en economía que no rindan pleitesía a los intereses de ningún partido ni grupo de presión y que aporten un curriculum demostrable que les avale.

Cambiar recortes por crecimiento

La política restrictiva para atajar la crisis está siendo ineficaz. No hay mas que evaluar lo ocurrido en Grecia y Portugal después de que allí se haya aplicado. Tanto es así que, por lógica, se impone aplicar una política de crecimiento siendo que las tijeras no tienen ya donde recortar.

Por la cuenta que les trae a las economías europeas del norte y siendo que el volumen de producto interior de nuestro país es muy superior al de Portugal o de Grecia, ni a Alemania ni a nadie en toda Europa le conviene que España se hunda. Tanto es así que, por pura lógica, deberán acceder a nuestra exigencia de no querer (por no poder) soportar su directrices restrictivas.

Estamos al borde del un caos social

Nos encontramos al borde de un caos social. Los ciudadanos han soportado hasta el límite de sus posibilidades las consecuencias de la crisis en forma de severos castigos plasmados en impuestos y recortes, tanto salariales como de bienestar.

Y mientras tanto, se ha producido la indignante y absurda paradoja de que la venta de artículos de lujo ha subido como la espuma y la gran banca no ha dejado de declarar beneficios tras la debacle de 2008.

Sin duda, algo se debe estar haciendo mal, y el gobierno tendría que dejar de sanear las entidades financieras y desviar esa ayuda (a expensas de un dinero que solo es de los ciudadanos) a las empresas unipersonales, a las pequeñas empresas, a los asalariados que sufren recortes salvajes que hundirán el poder adquisitivo y el consumo y que están provocando el cierre en cadena de las pequeñas empresas y los pequeños comercios que aun subsisten.

Recortes ‘versus’ crecimiento

El dilema de la clase política se dirime entre la opción de los recortes o la del crecimiento. Las pequeñas empresas se están yendo al garete al no poder obtener créditos de unos bancos a los que el Estado mima con más miedo que devoción. Tampoco obtienen crédito de los proveedores porque están en su misma situación en una cadena de despropósitos que tiene como eslabón final los despidos laborales, el deterioro del estado de bienestar y el progresivo empobrecimiento de la población.

Los ministerios responsables de la economía se muestran tan incapaces de aportar soluciones, que se hace necesaria un consenso plasmado en una 'comisión excepcional de crisis' y un ‘gabinete de expertos’ que tome las riendas de la gestión económica del país antes de que nos sea impuesta.

De momento, habría que olvidarse de las urnas

Es momento de que los políticos piensen en el bienestar de la población antes que en el suyo propio y antes que en las urnas.

Estamos necesitados de verdaderos expertos (llámense tecnócratas o como cualquiera los quiera denominar) capaces de adoptar medidas y aportar soluciones tal cual se hace cuando una empresa llega a una situación de grave déficit como la que atravesamos.

El pesimismo se ha instalando en el subconsciente de los sufridos contribuyentes y la falta de ilusión que genera el desempleo y la pobreza es ya un hecho más que una amenaza. La resignación de los ciudadanos está al borde de un limite que muchos querrán aprovechar para soliviantar a las masas desde distintos sectores ideológicos con imprevisibles consecuencias. Y aun estamos a tiempo de impedirlo.

Como no hace mucho escribía: “Si somos millones y ellos apenas miles, si somos más decentes y aun nos ampara la fuerza de la razón, ¿Porque tenerles miedo y permitir que nos sigan controlando”

Por una vez, al desmañado y titubeante Rajoy le toca ser enérgico y negarse a aceptar ni un solo recorte más. Los hechos están demostrando que la política restrictiva que se nos ha impuesto no está dando resultados. Donde antes crecían brotes verdes fruto de aquél delirio por el que tanto se le censuró a Zapatero, ahora crecen ortigas traidoras que inoculan su molesto y urticante veneno a unos pobre contribuyentes que no hacen más que recibir un palo tras otro.

Aunque la reticencia del presidente Rajoy a pedir el rescate económico a Europa no responda a una estrategia meditada y sea mas bien la consecuencia de su proclividad a que las cosas se arreglen por si solas, puede que don Mariano Rajoy acierte esta vez con su decisión de no mover ficha. Pero su acierto sería más completo si además hiciera algo tan simple como unificar los ministerios de Hacienda y Economía habida cuenta de lo inútil que es mantener dos carteras con sendos ministros completamente quemados, sin capacidad para comunicarse entre ellos y lanzando a diestro y siniestro continuos mensajes opuestos y contradictorios.

Gabinete de expertos anticrisis

Esta medida de remodelación no debería contemplarse como un mecanismo de ahorro sino como un primer paso para un cambio de rumbo al que debería seguir una convocatoria urgente de todos los partidos parlamentarios para crear un 'comité excepcional de crisis' que a su vez encomendara a un ‘gabinete de expertos’ la gestión de la economía del país.

No sería necesario que el PP dejara de gobernar. Mas bien al contrario, le corresponde a Rajoy seguir como responsable de la nave que ahora zozobra después de haber obtenido el cargo de capitán con tanto esfuerzo (a la tercera va la vencida) y con promesas sin fundamento de las que aun no ha cumplido ninguna, al menos ninguna trascendente.

Cese inmediato de Montoro y De Guindos

No es un gobierno de tecnócratas lo que aquí se propone, ni tampoco un cambio de gobierno, sino solo el cese de los señores Montoro y De Guindos por su manifiesta ineptitud para gestionar una empresa en déficit llamada España, y al mismo tiempo, su sustitución por un comité de expertos en economía que no rindan pleitesía a los intereses de ningún partido ni grupo de presión y que aporten un curriculum demostrable que les avale.

Cambiar recortes por crecimiento

La política restrictiva para atajar la crisis está siendo ineficaz. No hay mas que evaluar lo ocurrido en Grecia y Portugal después de que allí se haya aplicado. Tanto es así que, por lógica, se impone aplicar una política de crecimiento siendo que las tijeras no tienen ya donde recortar.

Por la cuenta que les trae a las economías europeas del norte y siendo que el volumen de producto interior de nuestro país es muy superior al de Portugal o de Grecia, ni a Alemania ni a nadie en toda Europa le conviene que España se hunda. Tanto es así que, por pura lógica, deberán acceder a nuestra exigencia de no querer (por no poder) soportar su directrices restrictivas.

Estamos al borde del un caos social

Nos encontramos al borde de un caos social. Los ciudadanos han soportado hasta el límite de sus posibilidades las consecuencias de la crisis en forma de severos castigos plasmados en impuestos y recortes, tanto salariales como de bienestar.

Y mientras tanto, se ha producido la indignante y absurda paradoja de que la venta de artículos de lujo ha subido como la espuma y la gran banca no ha dejado de declarar beneficios tras la debacle de 2008.

Sin duda, algo se debe estar haciendo mal, y el gobierno tendría que dejar de sanear las entidades financieras y desviar esa ayuda (a expensas de un dinero que solo es de los ciudadanos) a las empresas unipersonales, a las pequeñas empresas, a los asalariados que sufren recortes salvajes que hundirán el poder adquisitivo y el consumo y que están provocando el cierre en cadena de las pequeñas empresas y los pequeños comercios que aun subsisten.

Recortes ‘versus’ crecimiento

El dilema de la clase política se dirime entre la opción de los recortes o la del crecimiento. Las pequeñas empresas se están yendo al garete al no poder obtener créditos de unos bancos a los que el Estado mima con más miedo que devoción. Tampoco obtienen crédito de los proveedores porque están en su misma situación en una cadena de despropósitos que tiene como eslabón final los despidos laborales, el deterioro del estado de bienestar y el progresivo empobrecimiento de la población.

Los ministerios responsables de la economía se muestran tan incapaces de aportar soluciones, que se hace necesaria un consenso plasmado en una 'comisión excepcional de crisis' y un ‘gabinete de expertos’ que tome las riendas de la gestión económica del país antes de que nos sea impuesta.

De momento, habría que olvidarse de las urnas

Es momento de que los políticos piensen en el bienestar de la población antes que en el suyo propio y antes que en las urnas.

Estamos necesitados de verdaderos expertos (llámense tecnócratas o como cualquiera los quiera denominar) capaces de adoptar medidas y aportar soluciones tal cual se hace cuando una empresa llega a una situación de grave déficit como la que atravesamos.

El pesimismo se ha instalando en el subconsciente de los sufridos contribuyentes y la falta de ilusión que genera el desempleo y la pobreza es ya un hecho más que una amenaza. La resignación de los ciudadanos está al borde de un limite que muchos querrán aprovechar para soliviantar a las masas desde distintos sectores ideológicos con imprevisibles consecuencias. Y aun estamos a tiempo de impedirlo.

Como no hace mucho escribía: “Si somos millones y ellos apenas miles, si somos más decentes y aun nos ampara la fuerza de la razón, ¿Porque tenerles miedo y permitir que nos sigan controlando”

Felipe en “su jardín"

Felipe en su jardín

La mejor anécdota apócrifa sobre Felipe González la oí de labios de un ex comisario de policía en una sobremesa con varios whiskies de más en la que también participábamos un ex suegro que trabajaba tras un mostrador de banca y un escritor que todavía no ejercía de ex porque aún no había publicado un libro pero para el caso como si lo fuera. Los tres charlábamos ya con la lengua un poco recocida cuando, no sé por qué, llegamos al tema del ex presidente, un hombre que acumulaba odios y simpatías de un modo que sólo podía referirse a aquel novio que España se echó en las urnas en 1982 y que acabaría por decepcionar a todos.

Largándose su enésimo whisky con hielo, el ex comisario dijo que la misma noche que Felipe ganó las elecciones recibió una llamada de la Moncloa a altas horas de la madrugada. El hombre bajó la cabeza, adelgazó la voz hasta el murmullo y susurró que tuvieron que recoger el cuerpo inconsciente de Felipe, que aquella misma noche había intentado suicidarse. “¿Y por qué iba a suicidarse, hombre?” le preguntó mi ex suegro, que por aquel entonces todavía no era ex. “No he dicho que se suicidara, coño, sino que lo intentó. Lo hizo porque aquella misma noche habló con los que realmente mandan, los que están arriba, y se enteró del percal. Felipe no podía hacer nada”.

Apócrifa o sí, la anécdota ilumina bien la trayectoria de un personaje que lo tenía todo para convertirse en un héroe y que se conformó con ser un masajista de bonsáis. Más que una trayectoria, lo suyo fue una parábola, ya que en el mismo momento en que llegó a lo más alto, Felipe empezó a caer en picado traicionando sus ideales uno tras otro. Desde aquel célebre referéndum de la OTAN hasta su solemne retractación del marxismo, Felipe fue jibarizando sus aspiraciones y las nuestras una a una, como un indio reduciendo cabezas, hasta dejar el país entero entregado a una socialdemocracia de IKEA, un circo donde sólo podían crecer enanos: Aznar, que en sus primeros años le imitaba el acento andaluz, y Zapatero, que parecía muy alto pero sólo porque estaba fabricado a escala. 

Más o menos a mitad de su reinado pronunció aquella frase temeraria: “Prefiero una puñalada en el metro de Nueva York a vivir tranquilamente en las calles de Moscú”. Hombre, haberlo dicho antes y nos habríamos ahorrado dos décadas de puñaladas. También dijo que había que ser socialistas antes que marxistas. Y tampoco. Luego nos enteramos de que sus íntimos lo llamaban Dios, que es la forma más solemne de no existir. Al final el felipismo resultó un primoroso trabajo de horticultura japonesa donde al jardinero jefe se le fue poniendo cada vez más cara de oriental, un poco como aquella película de Peter Sellers donde un alma de cántaro enamorado de los árboles va rebotando de chiripa en chiripa hasta alcanzar la presidencia, pero proyectada al revés, desde la presidencia hasta el jardín. Felipe pudo ser Moisés guiando a su pueblo hasta la tierra prometida pero sólo supo guiarnos hasta aquí. Después de tantos whiskies, no me quedó muy claro lo que pasó aquella noche pero creo que quien se suicidó no fue él.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Patriotas?

¿Quiénes son los patriotas?

Mark Twain, uno de los autores más críticos de la sabiduría convencional que ha tenido EEUU, escribió frecuentemente que el concepto de patriotismo, en cualquier país, es uno de los más utilizados para esconder intereses de grupos sociales que quieren mantener, por todos los medios, sus privilegios utilizando el sentimiento patriótico como mecanismo de movilización popular, identificando sus intereses particulares con los intereses de lo que llaman patria. Antonio Gramsci, en Italia, uno de los analistas más importantes que han existido en Europa de cómo el poder se reproduce en las sociedades, subrayó con gran agudeza la función ocultadora de los símbolos de la patria para defender los intereses de las clases dirigentes.

España (y Catalunya dentro de ella) es un ejemplo claro de lo que Mark Twain y Antonio Gramsci indicaron. Las derechas han sido siempre las que se han presentado como las grandes defensoras de la patria, defensa que requiere los máximos sacrificios de los que están a su servicio. Uno de los eslóganes de la Guardia Civil (el cuerpo de policía armado que históricamente ha tenido la función de mantener el orden público y reprimir cualquier agitación social que cuestionara las relaciones de poder existentes en España) era “Todo por la patria”, lo que podía significar incluso la pérdida de  la vida de los guardias civiles aunque también, mucho más frecuentemente, la de los represaliados. La Monarquía, el Ejército y la Iglesia han sido siempre las estructuras institucionales que han defendido el poder de los grupos dominantes en las esferas financieras y económicas (y, por lo tanto, políticas y mediáticas) del país, utilizando el amor y el compromiso con la patria como mecanismo de movilización popular en defensa de sus intereses. Las pruebas históricas que avalan esta utilización de la patria para dichos fines particulares son robustas y abrumadoras.

Tales instituciones de derechas son pues las que se consideran a sí mismas como las defensoras de la patria. Hace sólo unos días, el diario monárquico profundamente conservador ABC ponía en portada a la Duquesa de Alba como la gran defensora de la patria española acusando a los catalanes de ser poco patriotas (11 Nov. 2012). Tal personaje es una de las terratenientes más importantes de España y está entre los que reciben mayores subsidios del estado español y de la Unión Europea, a cargo del erario público. Su linaje familiar, por cierto, ha jugado un papel clave, junto con otros terratenientes, en reproducir una situación en el campo andaluz responsable, en gran parte, de la pobreza de las poblaciones rurales de aquella parte de la patria española.

Pero la credibilidad de tal tesis (de que las derechas son las que sostienen el patriotismo) depende, en gran medida, de lo que se entienda por patriotismo, el cual, como la mayoría de sentimientos, no es fácil de definir. Después de todo, ¿qué quiere decir amor a la patria?

¿Qué es patriotismo?

Pero, independientemente de las muchas maneras mediante las que tal concepto y sentimientos puedan definirse, sí que debería haber un componente que coincidiera en todas las definiciones posibles. Y éste es que el amor a la patria debería incluir amor a la ciudadanía de la entidad así definida. No se puede amar a España (o a Catalunya) sin estar dedicado al bienestar de la población que constituye tal país (España y/o Catalunya). Y, puesto que la mayoría de la población pertenece a las clases populares, un indicador de patriotismo debería incluir como elemento definitorio el compromiso y dedicación a la mejora del bienestar de las clases populares. No se puede amar a España (y a Catalunya) sin este compromiso, pues de lo contrario se tiene una visión excesivamente esencialista, casi mística, de lo que es la patria, una concepción poco coherente con la vida real de las personas. En realidad, si la definición de patriotismo no incluye un compromiso por mejorar la vida y bienestar de la mayoría de la población, entonces hay que sospechar que el concepto de patriotismo está siendo utilizado, confundiendo los intereses de la patria con los de un sector minoritario de la población.

Parecería, pues, razonable aceptar, incluso por las derechas, que un elemento común de tal patriotismo fuera la dedicación de las fuerzas patrióticas al bienestar del pueblo, que en términos cuantitativos, serían las clases populares, clases populares que en cualquier país incluyen las clases trabajadores y las clases medias de renta media y baja.

¿Son patriotas las fuerzas que se autodefinen como tales?

Pues bien, tal dedicación puede evaluarse incluso numéricamente. Como decía Mark Twain, el amor no puede cuantificarse, pero sus consecuencias sí. Veamos, pues, los datos. En aquellos países de Europa donde las derechas (que se autodefinen como las fuerzas patrióticas) han tenido más poder históricamente, tales como el Sur de Europa (España, Grecia y Portugal), el nivel de desarrollo económico, social y político ha sido el más bajo de la Unión Europea. Los datos son abrumadores. Tanto el PIB per cápita como el gasto público social per cápita, o el número de recursos públicos (desde transferencias públicas, como pensiones, hasta servicios públicos, como sanidad y educación, que contribuyen enormemente al bienestar y calidad de vida de las clases populares) han sido, y continúan siendo, los más bajos de la UE-15. Es también en estos países donde los ingresos al Estado son los más bajos, donde la política fiscal es más regresiva y menos redistributiva, donde hay más fraude fiscal y donde hay mayores desigualdades y concentración de la riqueza.

Estos datos permiten, entonces, hacerse la pregunta ¿dónde está el amor a España de los súper patriotas españoles? Su compromiso con el bienestar de la población parece estar muy sesgado hacia ciertos grupos y clases sociales, a costa de los intereses de la mayoría de sus poblaciones. La evidencia de ello es abrumadora. Así como es también abrumadora la evidencia de que este sesgo clasista del patriotismo aparece en varios momentos de la historia de este país. En todos ellos, cuando el gobierno elegido por la ciudadanía a través de procesos democráticos llevó a cabo políticas públicas que beneficiaron a las clases populares, reduciendo los privilegios de los grupos y clases sociales antes mencionados, las derechas superpatriotas se rebelaron militarmente para interrumpir tales políticas. En España, los superpatriotas –la Iglesia, el Ejército, la Monarquía, la banca y la oligarquía empresarial- establecieron un régimen enormemente represivo (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000, según el Catedrático Malefakis, de la Columbia University, experto en el fascismo europeo) que dañó enormemente a la mayoría del pueblo español. Cuando el golpe militar de 1936 ocurrió, el nivel de desarrollo económico español era casi idéntico al italiano. Su PIB per cápita era semejante al PIB per cápita italiano. Cuando la dictadura terminó, en 1978, España tenía un nivel de riqueza que era sólo el 68% de la italiana. Este fue el coste que aquel supuesto patriotismo significó para el pueblo español. El golpe militar se realizó no para salvar la patria sino para que la Iglesia pudiera continuar controlando la educación de los españoles y también la tierra que poseía (la Iglesia era el terrateniente con mayor extensión de tierra en España. Hoy es el segundo); para que la Monarquía continuara siendo el sistema político que garantizara el dominio por parte de las derechas de los aparatos del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas, la Judicatura y las Fuerzas del Orden; para que el Ejército tuviera sus privilegios, garantes de la unidad de la Patria (convirtiendo al Ejército en instrumento de represión interna); para que la banca y la oligarquía empresarial pudieran mantener sus escandalosos privilegios (que todavía se mantienen hoy, como queda claro con la excesiva protección de la banca frente a los desahuciados); y así un largo etcétera.

La oposición popular a tales medidas regresivas del sistema establecido por los supuestos patriotas explica la enorme represión que caracterizó aquel periodo de dominio del estado por las derechas supuestamente patrióticas. Su carácter nacional, por cierto, quedó negado por el hecho de que su victoria se debiera primordialmente a la ayuda que les prestó la Alemania nazi y el fascismo italiano. Sin esta ayuda extranjera, el golpe militar no podría haber conseguido parar la oposición a tal golpe.

¿Dónde estaba y dónde está ahora el amor a España de los supuestamente patriotas?

Esto podría también preguntarse hoy al gobierno de derechas español, que está llevando a cabo el ataque (y no hay otra manera de definirlo) más feroz al bienestar de las clases populares. Hoy se están haciendo reformas que afectan muy, pero que muy negativamente al bienestar de la población, y muy en particular de las clases populares. La evidencia de ello es contundente. Nunca antes en el periodo democrático, el ya insuficientemente financiado Estado del Bienestar español ha estado bajo un ataque tan frontal. Y este ataque se está haciendo para el beneficio de los mismos intereses económicos de siempre: el capital financiero español y el mundo empresarial de las grandes corporaciones, a costa del bienestar de todos los demás. De nuevo, la evidencia de ello es robusta y convincente.

Y todo ello se hace justificándose con la necesidad de aplicar tales políticas de austeridad que son –según el establishment español- las únicas posibles, lo cual es fácil de demostrar que no es cierto. Podrían aplicarse otras que no afectarían a los intereses de las clases populares, afectando, en cambio, a los intereses de los grupos que, de nuevo, se presentan como superpatriotas, defensores  de España. Esta desfachatez (y no hay otra manera de definirlo) se hace violando la soberanía de la Patria que dicen amar tanto, obedeciendo  dócilmente al gobierno alemán, como lo hicieron también en los años treinta. Es la repetición de la historia. Ahora, como entonces, los superpatriotas utilizaron la bandera para defender sus intereses de clase. Así de claro. Y haciéndolo así están traicionando, una vez más, al pueblo español.

Hoy, en España, los movimientos de protesta social que salieron a la calle ayer, en la Huelga General, en defensa de los derechos de las clases populares y de la soberanía de España son los auténticamente patriotas, entendiendo como tales a los que defienden a la mayoría de la ciudadanía frente a una minoría que defiende sus propios intereses y los de sus aliados internacionales, incluyendo las elites financieras que dominan el gobierno alemán.

Una última observación. Le ruego al lector que haya considerado de interés este artículo, que lo distribuya ampliamente, pues los medios de mayor difusión no publican jamás este tipo de artículos. La dictadura mediática exige una respuesta movilizadora que permita presentar otros puntos de vista distintos y críticos de la sabiduría convencional del país que se reproduce a través de tales medios.


Reflexión

> MAYONESA Y CAFÉ 

> Cuando te sientas agobiado, cuando 24 horas al día no sean suficientes... Recuerda el frasco de mayonesa y el café! 

> Un profesor en su clase de Filosofía, sin decir palabra, agarró un frasco grande y vacío de mayonesa y lo llenó con pelotas de golf.
> Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos estuvieron de acuerdo en decir que si.
> De nuevo, sin decir nada, el profesor agarró una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa.
> Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.
> El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que si.
> Luego...el profesor agarró una caja con arena y la vació dentro del frasco.
> Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.
> En esta ocasión los estudiantes respondieron con un 'si' unánime.
> El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:   
> 'QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA'.
> Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, …
> Son cosas que, aún si todo lo demás lo perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
> Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
> La arena es todo lo demás… las pequeñas cosas.
> 'Si ponemos primero la arena en el frasco, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.
> Lo mismo ocurre con la vida'.
> Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.
> Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.
> Juega con tus hijos,
> dedica tiempo a revisar tu salud,
> ve con tu pareja a cenar,
> practica tu deporte o afición favoritos,
> siempre quedará tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.  
> Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.
> Establece tus prioridades, el resto es solo arena…
> Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café..

>   El profesor sonrió y dijo:
>   'Que bueno que me hagas esta pregunta… Sólo es para demostraros, que no importa cuan ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.

Una crisis impuesta por una elite y pagada por la mayiria

Una crisis impuesta por las élites y asumida por la gran mayoría

Los daños que está produciendo esta crisis sobre la mayoría de la población española son además de cuantiosos, gravísimos. La situación que va a quedar después de ella va a se muy parecida al de una ciudad arrasada después de un bombardeo atómico. Salvo unas élites vinculadas al mundo de la gran empresa, la gran banca, y la alta política, todos vamos a ser muy perjudicados. Los trabajadores con unas cifras de paro insoportables, y quienes tienen un trabajo soportando unas condiciones laborales, que se asemejan cada vez a las de inicios de la Revolución Industrial. Una juventud condenada al paro, al trabajo en precario o a la emigración. Empleados públicos, puestos en el disparadero de la sociedad, haciéndoles responsables de la crisis lo que asume buena parte de la sociedad, con sueldos cada vez más reducidos y con la privación de derechos, que parecían ya consolidados. Es tal la crueldad y el sadismo de nuestros gobernantes, que ahora la han emprendido también con el único colectivo que, hasta este momento, menos había sufrido la crisis, el de los jubilados, al recortar sus pensiones con las  que están ayudando a superar las dificultades a otros miembros de la familia, como hijos y nietos. Es la dinámica impuesta por el neoliberalismo. Tal como señala Boaventura de Sousa Santos en la Quinta Carta a las Izquierdas, el neoliberalismo es, ante todo, una cultura del miedo, del sufrimiento y la muerte para las grandes mayorías. Es verdad que se ha extendido como un auténtico tsunami en la mayoría de la sociedad un miedo aterrador, propiciado por el bombardeo de continuos mensajes de la clase política, de  los medios de comunicación y de la intelectualidad, que se han convertido en los mayordomos del capital. "Lo que viene es muy difícil". "Se superarán pronto los 6 millones de parados". "La Seguridad Social ha tenido que usar del fondo de reserva para pagar la nómina de los pensionistas". Así es comprensible que todos estemos atemorizados por nuestro futuro, cada vez más negro. Se esfuman todas las certezas, ya no tenemos garantía de nada, todo supone precariedad y desasosiego. Hay un temor generalizado: los que tenemos un trabajo a perderlo y a no tener garantizada una pensión en el futuro; los parados a no tenerlo nunca; los jubilados a no poder mantener el nivel adquisitivo de sus pensiones; y todos a la perdida de las prestaciones del Estado de bienestar. Ya no existe confianza en el Estado para protegernos de los ataques implacables de un mercado desbocado, ni tampoco en los partidos políticos ni en los sindicatos. Hemos interiorizado un sentimiento de culpabilidad, como si fuéramos los únicos responsables de la crisis actual. Esto nos pasa por "haber vivido por encima de nuestras posibilidades". Nosotros somos los culpables y tenemos que pagar por ello. De ahí que debamos asumir el sufrimiento por nuestros pecados cometidos. Lo grave es que lo asumamos.  Como nos dice también Boaventura de Sousa Santos: ¿Por qué Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”?

 Una secuela gravísima del miedo es que se haya expandido la insolidaridad y un egoísmo individualista, del "sálvese quien pueda", viendo en los otros a unos peligrosos rivales que nos pueden perjudicar nuestro nivel de vida. El que trabaja en la empresa privada se alegra de la reducción del sueldo de los empleados públicos o de la pensión a los jubilados; los que trabajan o los pensionistas se quejan del subsidio de desempleo para los parados; estos ven como rivales a los emigrantes. La invención de un enemigo exterior nos impide ver que los intereses de unos y otros, de los inmigrantes, de los trabajadores, de los parados y de los pensionistas son comunes y así no surge una conciencia de solidaridad entre ellos. Por ende, se ha desactivado cualquier conato de lucha o de reivindicación para mantener nuestra situación, a mejorarla hace tiempo que hemos renunciado. Afortunadamente parece que ya se están organizando movimientos reivindicativos de la sociedad civil, aunque da la impresión que son por cuestiones estrictamente corporativas. Las diferentes mareas van a defender lo suyo.  Nuestro miedo sirve para que los auténticos culpables de la crisis duerman tranquilos. De esta minoría que se enriquece cada vez más a costa del empobrecimiento de muchos otros, no cabe esperar nada para una mejora del conjunto de la sociedad. Y es así porque como pronosticó Christopher Lasch en su libro La rebelión de las élites y la traición a la democracia los grupos privilegiados del ámbito político y financiero, han decidido liberarse y despreocuparse de la suerte de la mayoría y dan por finalizado unilateralmente el contrato social suscrito tras la II Guerra Mundial que les unía como ciudadanos, aunque no lo hicieron por sentido de solidaridad, sino por miedo a la rebelión de los trabajadores. Hoy las élites han perdido la fe en los valores, mientras que las mayorías han perdido interés en la revolución. Lo ha dicho muy bien en una reciente conferencia Josep Fontana Más allá de la crisis, “Desde la Revolución Francesa hasta los años setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueño, llevándoles a temer que podían perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, después los carbonarios, los masones, más adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenían posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese auténtico. De ahí las concesiones.” Por ello, el sistema solo cambiará si los de arriba tienen miedo. No hay otra opción. Mientras el miedo lo tengamos los de abajo, todo seguirá igual.

Quien debe dirigir a la sociedad en este proceso de lucha contra las élites, el diálogo en estos momentos no es posible, es la izquierda, que de momento parece desorientada, al no haber sabido o querido librarse de  la trampa que las derechas siempre han utilizado para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. La izquierda debe combatir a la cultura neoliberal del miedo, del sufrimiento y de la muerte, contraponiendo una nueva y diferente, la de la esperanza, la felicidad y de la vida. Aquí estamos los seres humanos para ser felices, no para ser unos desgraciados.